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Los personajes clave que han hecho de Apple una leyenda


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Los orígenes: los dos steves, ronald wayne y el nacimiento de apple

Hablar de los personajes más importantes de Apple es hablar de cómo unos cuantos inconformistas de California acabaron cambiando la informática, la música, el cine, el teléfono móvil y hasta la forma en la que trabajamos y estudiamos. A lo largo de las décadas, la compañía ha pasado por épocas gloriosas, fracasos estrepitosos, luchas internas y resurrecciones que hoy parecen casi de película.

Detrás de la manzana mordida hay una red de personas muy distintas: genios de la ingeniería como Steve Wozniak, visionarios comerciales como Steve Jobs y Mike Markkula, ejecutivos de gran peso como John Sculley o Tim Cook, gurús del marketing, creativos de Silicon Valley e incluso figuras externas como Bill Gates o los fundadores de Atari y Xerox PARC. Todos aportaron algo clave en diferentes momentos y, con sus aciertos y sus errores, construyeron la Apple que conocemos hoy.

La historia arranca en 1971, cuando Bill Fernández presenta a Steve Jobs y Steve Wozniak en California. Woz, con 21 años, era ya un auténtico loco de los circuitos, capaz de diseñar ordenadores completos en papel y obsesionado con reducir al máximo el número de componentes. Jobs, con apenas 16, tenía un olfato increíble para detectar oportunidades de negocio y para imaginar productos que la gente corriente pudiera entender y desear.

Su primera aventura conjunta fue casi clandestina: las famosas “blue boxes”, unos aparatos que permitían hacer llamadas de larga distancia gratis imitando tonos telefónicos. Woz los diseñó, Jobs los vendió, y se repartieron los beneficios de unas doscientas unidades. Años más tarde, el propio Jobs diría que sin aquellas cajas no habría existido Apple, porque ahí aprendieron que una buena idea técnica, bien empaquetada y bien vendida, podía financiar su sueño.

En paralelo, Wozniak seguía perfeccionando en su cabeza la computadora ideal. Tras pasar por la universidad y trabajar en Hewlett‑Packard, comenzó a asistir con Jobs al Homebrew Computer Club, un punto de encuentro de frikis de la electrónica de la bahía de San Francisco, precedente de los foros de desarrolladores de Apple. Allí conocieron máquinas como la Altair 8800 o la IMSAI, que le inspiraron a diseñar una computadora mucho más sencilla, barata y elegante que las que había entonces en el mercado.

El golpe de suerte llegó con el microprocesador MOS 6502, barato y potente para la época. Woz adaptó sus planos previos (pensados para un Motorola 6800 más caro) y, el 1 de marzo de 1976, llevó su prototipo funcional a una reunión del Homebrew. Jobs vio algo que Woz no estaba viendo del todo: más que un esquema para regalar entre aficionados, aquello podía convertirse en un producto comercial y escalar.

Woz ofreció primero el diseño a Hewlett‑Packard, que lo rechazó varias veces. Jobs insistió en crear una empresa propia, y para financiar el proyecto vendió su furgoneta Volkswagen mientras Woz se desprendía de su calculadora HP‑65. Con ese dinero inicial empezaron a producir placas del que sería el Apple I.

El 1 de abril de 1976 se firma el contrato de constitución de Apple Computer Company en California. Los socios eran Steve Jobs, Steve Wozniak y Ronald Wayne, un veterano que venía de Atari y que aceptó un 10 % de la empresa a cambio de aportar algo de “cintura empresarial” y dibujar el primer logotipo y el contrato. Doce días después, asustado por el riesgo y recordando un fracaso anterior, Wayne vendía su participación por 800 dólares. A la larga, renunció a lo que hoy valdría miles de millones.

Apple i y apple ii: de garaje a fenómeno de masas

El primer gran empujón comercial llegó de la mano de Paul Terrell, dueño de la cadena Byte Shop. Tras ver el Apple I en el Homebrew, aceptó encargar 50 unidades, pero con una condición: no quería placas desnudas, exigía computadoras montadas y listas para usar. Jobs usó esa orden de compra como aval para conseguir componentes a crédito, comprometiéndose a pagar cuando Terrell abonara el pedido.

El equipo de los dos Steves trabajó casi sin dormir para cumplir el plazo. Entregaron las placas montadas (sin carcasa, ni teclado, ni monitor, algo que sorprendió a Terrell) pero el comerciante respetó el acuerdo y pagó. El Apple I se vendió a 666,66 dólares —Woz decía que le gustaban los números repetidos— y se colocaron unas 200 unidades. Aquello confirmó que había mercado para un ordenador “para personas normales”.

El Apple I, pese a sus limitaciones, ya incluía ideas muy avanzadas: podía usar una tele como pantalla, incorporaba un pequeño código en ROM para arrancar sin demasiadas complicaciones, y, gracias a una interfaz de casete diseñada a petición de Terrell, permitía cargar y guardar programas a una velocidad respetable para la época. Woz se ganó fama de diseñador brillante por la simplicidad y eficiencia de su placa.

Con el dinero y la experiencia del Apple I, Apple se lanzó a crear algo mucho más ambicioso: el Apple II. Para Woz, era básicamente la máquina que habría querido construir sin las restricciones económicas del primer modelo: gráficos en color, memoria de vídeo dedicada, posibilidades de expansión mediante ranuras y una construcción lo bastante robusta como para entrar en empresas, escuelas y hogares.

El Apple II se presentó en 1977 en la West Coast Computer Faire, ya como producto completo. Aquí es donde se ve la mano de Jobs: insistió en una carcasa de plástico elegante, en un teclado integrado y en que el equipo saliera de la caja prácticamente listo para usar, sin necesidad de soldar ni de teclear líneas de código arcano para arrancar. Contrató al diseñador industrial Jerry Manock para crear el chasis y a Rod Holt para una fuente de alimentación conmutada silenciosa y eficiente.

El éxito comercial no tardó en llegar. VisiCalc, la primera “killer app” de la informática de oficina, convirtió al Apple II en un estándar de facto en el mundo empresarial: de repente, un ordenador personal servía para hacer hojas de cálculo reales, y muchas empresas se compraban el Apple II “por VisiCalc”. La propia prensa empezó a hablar de la “Trinidad del 77”: Apple II, Commodore PET y TRS‑80 como las máquinas que habían encendido el mercado doméstico.

Detrás del crecimiento estaba también Mike Markkula, un inversor que había hecho fortuna en Fairchild Semiconductor y que, tras ser presentado a Jobs por el capitalista de riesgo Don Valentine, vio un futuro gigantesco en aquellos dos chavales. Puso dinero de su bolsillo, garantizó una línea de crédito con Bank of America y se quedó con un tercio de la empresa. Además, se implicó en la estrategia y trajo al primer CEO profesional de Apple, Michael Scott, procedente de National Semiconductor.

Salida a bolsa, apple iii y la primera gran crisis

En 1980 Apple ya era una de las grandes historias de éxito de Silicon Valley. El 12 de diciembre de ese año salió a bolsa con un precio de 22 dólares por acción y recaudó más de 100 millones, la mayor OPV desde Ford en los años cincuenta. De golpe, unos 300 empleados y fundadores se convirtieron en millonarios, y Apple pasó a jugar en la liga de las grandes tecnológicas.

Pero mientras el Apple II seguía vendiéndose como churros, la dirección de la compañía quería asaltar el mercado corporativo dominado por IBM. De ahí nació el Apple III, un ordenador pensado para empresas y diseñado, en parte, por comité. Jobs se empeñó en que no llevara ventilador y que disipara el calor solo con el chasis, lo que en la práctica se tradujo en un desastre: sobrecalentamientos, chips que se despegaban de la placa y equipos que solo se “arreglaban” levantándolos y dejándolos caer sobre la mesa.

El Apple III fue el primer gran batacazo comercial de la compañía. A pesar de las revisiones posteriores (incluido un Apple III+), la reputación del producto había quedado destrozada y las ventas nunca despegaron. Internamente, el fiasco alimentó tensiones entre departamentos y reforzó la idea de que Apple necesitaba algo totalmente nuevo si quería seguir creciendo.

En paralelo, IBM lanzó su primer PC en 1981. Aunque en un principio Apple se lo tomó con cierta suficiencia —llegó a publicar el famoso anuncio “Bienvenida, IBM. En serio”—, la realidad fue que la estrategia de IBM, basada en una arquitectura relativamente abierta y en una red creciente de distribuidores y desarrolladores, empezó a comer terreno rápidamente.

Durante un tiempo, el Apple II siguió resistiendo gracias a su enorme base instalada y a VisiCalc. Sin embargo, la insistencia de la dirección en proteger al fallido Apple III frenó la evolución del II, que no recibió ciertas mejoras para no canibalizar a su “hermano mayor”. Mientras tanto, la PC de IBM y sus clones se hacían fuertes en la empresa y más tarde en el hogar, apoyados por un catálogo de software cada vez más amplio.

Lisa, xerox parc y el nacimiento del macintosh

Mientras la línea Apple II sostenía las cuentas, en la compañía se gestaban dos proyectos revolucionarios: Lisa y Macintosh. Lisa era la gran apuesta corporativa, una máquina carísima con disco duro, mucha RAM para la época y, sobre todo, una interfaz gráfica de usuario con ventanas e iconos, controlada con un ratón. Macintosh, en cambio, nació como idea de Jef Raskin: un ordenador más asequible y sencillo para el gran público.

El punto de inflexión conceptual fue la visita de Apple a Xerox PARC. A cambio del derecho a comprar acciones antes de la salida a bolsa, Xerox permitió a los ingenieros de Apple trastear durante unos días con sus estaciones Alto y Star. Allí vieron la primera interfaz WIMP (ventanas, iconos, menús, puntero) funcional. Jobs salió de PARC convencido de que ese era el futuro de la informática personal.

Lisa fue el primero en materializar esa visión dentro de Apple, pero su precio desorbitado y ciertas decisiones técnicas lastraron sus ventas. Steve Jobs, que había tenido una relación conflictiva con el equipo de Lisa, fue retirado del proyecto y se volcó en el Macintosh, al que imprimió una cultura casi de “comando rebelde” dentro de la propia Apple.

El lanzamiento del Macintosh, el 24 de enero de 1984, fue uno de los grandes momentos icónicos de la historia de la tecnología. El anuncio “1984”, dirigido por Ridley Scott y emitido durante la Super Bowl, presentó al Mac como la herramienta que liberaría a los usuarios del “Gran Hermano” representado metafóricamente por IBM. El propio Jobs hizo una demostración en directo en la junta de accionistas que dejó a la sala enloquecida.

El primer Mac era una maravilla de interfaz, pero venía con varias hipotecas: solo 128 KB de RAM, una sola unidad de disquete, ningún slot de expansión y un precio de 2.495 dólares, alto para sus prestaciones. Además, faltaba software. A corto plazo, solo Apple y Microsoft (con MacWrite, MacPaint, MultiPlan y Word) apostaron en serio por la nueva plataforma. Pronto llegaron Lotus Jazz y otros títulos, pero las ventas empezaron a enfriarse a los pocos meses.

Aun así, el Mac encontró rápidamente su nicho en el mundo creativo. La combinación de Macintosh, la impresora láser LaserWriter y PageMaker dio lugar a la “autoedición”: por fin se podían maquetar revistas, folletos y libros desde un escritorio sin necesidad de grandes sistemas especializados. Esa alianza con Adobe y con el sector gráfico marcó el ADN de Apple durante muchos años.

La caída de jobs, la era sculley y la expansión (con muchos tropiezos)

El fracaso relativo del primer Macintosh como rival directo del PC de IBM desencadenó una guerra interna en la cúpula de Apple. John Sculley, fichado de Pepsi con la célebre frase de Jobs (“¿Quieres vender agua azucarada o venir conmigo a cambiar el mundo?”), tenía una visión más conservadora y orientada a mercados como educación y pymes, con arquitecturas más abiertas al estilo Apple II.

Jobs, que presidía la división Macintosh, operaba casi como si fuera una empresa aparte. La duplicidad de departamentos, el ego de los líderes y el clima tenso llevaron a un choque frontal. En 1985, Sculley consiguió el apoyo del consejo de administración para retirarle a Jobs la gestión del Mac. Jobs intentó organizar un golpe para derribar a Sculley, fue descubierto y acabó sin poder real dentro de la compañía.

Ese mismo año, Steve Jobs abandonó Apple y fundó NeXT, llevándose con él a un pequeño grupo de empleados. Vendió casi todas sus acciones de Apple salvo una, en una especie de gesto simbólico, e invirtió también en Pixar, que acabaría revolucionando la animación con películas como Toy Story. NeXT, aunque nunca fue un éxito de ventas, produjo un sistema operativo (NeXTSTEP) muy avanzado que, curiosamente, se convertiría años después en el corazón de macOS.

Sin Jobs, Apple siguió creciendo durante un tiempo bajo la batuta de Sculley. La línea Mac se diversificó (Mac Plus, SE, II, Classic, LC…), se lanzaron portátiles históricamente influyentes como el PowerBook, y la compañía se expandió internacionalmente con fuerza. A finales de los 80, se hablaba de la “primera edad de oro” de Macintosh.

Pero el éxito trajo también malas decisiones estratégicas. En los 90, Apple saturó el mercado con demasiados modelos casi idénticos (Performa, Quadra, Centris…) y una nomenclatura confusa. Los distribuidores no sabían qué recomendar, el stock se desajustaba y la famosa promesa de simplicidad se diluía. Mientras tanto, Windows 3.0 y 3.1, y luego Windows 95, llevaban la interfaz gráfica al mundo PC, reduciendo la ventaja diferencial del Mac.

Clones, experimentos fallidos y el regreso de jobs

Intentando reaccionar a la pérdida de cuota, Apple probó casi todo: alianzas con IBM y Motorola para los procesadores PowerPC, proyectos de sistemas operativos nuevos (Taligent, Copland) que nunca cuajaron, incursiones en nuevos segmentos como los PDA con el Newton, servicios online como eWorld y, finalmente, licencias del sistema Mac OS a fabricantes de “clónicos”.

Los Mac clónicos dieron ingresos rápidos en licencias, pero se volvieron un tiro por la culata. Esos fabricantes eran muy agresivos en precio y prestaciones, y acabaron compitiendo frontalmente con los propios ordenadores de Apple, erosionando sus ventas sin generar suficiente margen a cambio. La compañía entró en barrena financiera a mediados de los 90, con pérdidas millonarias y rumores constantes de venta a Sun o a IBM.

El gran giro se produjo en 1996, cuando Apple decidió comprar NeXT por 429 millones de dólares. Con esa adquisición se llevaba dos activos fundamentales: un sistema operativo moderno y modular (NeXTSTEP) y el regreso, aunque al principio en un rol “asesor”, de Steve Jobs. En 1997, tras la destitución del CEO Gil Amelio, Jobs se convirtió en director ejecutivo interino, y poco después en CEO en toda regla.

Una de sus primeras decisiones fue cortar por lo sano: desmanteló el programa de clónicos, simplificó brutalmente la gama de productos y cerró proyectos secundarios. También anunció una inesperada alianza con Microsoft: Office seguiría saliendo para Mac durante al menos cinco años y, a cambio, Apple establecía Internet Explorer como navegador por defecto durante un tiempo. Gates apareció por videoconferencia en la Macworld de Boston, en una imagen que muchos vivieron como humillante, pero que dio oxígeno financiero y de software a Apple.

Con ese colchón, Jobs se centró en redefinir la marca y los productos. En 1998, el iMac “de colores” diseñado por Jony Ive supuso un punto de inflexión: todo integrado, carcasa translúcida llamativa, sin disquetera (apuesta fuerte por el CD y la red), un mensaje claro de simplicidad y diseño. Fue un bombazo de ventas y relanzó la imagen de Apple en todo el mundo.

Tim cook, jony ive y la transformación en gigante de consumo

A partir del éxito del iMac, Apple comenzó una etapa de innovación encadenada. Se reforzó la división profesional con torres Power Mac G4 y G5, se introdujeron los portátiles iBook y PowerBook como referentes de diseño, y, sobre todo, se plantó la semilla de un cambio aún mayor: el salto a la electrónica de consumo masiva con el iPod.

El iPod, presentado en 2001, fue obra de muchos equipos pero tuvo dos protagonistas recurrentes: Steve Jobs marcando la visión de “mil canciones en tu bolsillo” y Jony Ive dando forma a un dispositivo minimalista, con rueda de control y una integración total con iTunes. En pocos años, el iPod se convirtió en sinónimo de reproductor de música y disparó los ingresos de Apple.

En paralelo, el tándem Jobs-Tim Cook transformó la maquinaria interna de la compañía. Cook, que llegó a Apple a finales de los 90, fue ascendiendo hasta convertirse en director de operaciones y, más tarde, CEO. Su obsesión por la eficiencia en la cadena de suministro, el control de inventario y los acuerdos con proveedores permitió a Apple producir a gran escala con márgenes altísimos, algo clave cuando más tarde se lanzaron iPhone y iPad.

Otro paso estratégico fue el lanzamiento de la iTunes Store, primero como tienda de música online y luego como plataforma de contenidos de vídeo y aplicaciones. Apple consiguió acuerdos con las grandes discográficas, ofreciendo a la vez una experiencia de compra sencilla y una alternativa legal a la piratería. Más adelante, la App Store repetiría ese modelo con el software móvil, creando un ecosistema que ató a millones de usuarios.

En 2007, Apple dio quizá el salto más importante de toda su historia con el iPhone. Aquel dispositivo combinaba teléfono, reproductor de música e “internet communicator” con una pantalla táctil capacitiva y sin teclado físico, algo arriesgado para la época. El éxito fue inmediato y, con las sucesivas generaciones (3G, 3GS, 4, 4S…), el iPhone se convirtió en el producto estrella de la compañía.

Ese mismo año, Jobs anunció que Apple dejaba de llamarse “Apple Computer, Inc.” para pasar a ser simplemente “Apple Inc.”, reconociendo que el negocio había dejado de ser solo de ordenadores. A partir de ahí, llegaron el iPad, el Apple Watch, los AirPods, Apple TV y, más recientemente, las Apple Vision Pro, consolidando un catálogo que cubre desde ordenadores hasta wearables y servicios.

La etapa post-jobs: tim cook, el foco en servicios y los nuevos protagonistas

En 2011, los problemas de salud de Steve Jobs le obligaron a dejar la dirección ejecutiva. Tim Cook, hasta entonces mano derecha en operaciones, asumió el cargo de CEO. Jobs falleció poco después, el 5 de octubre de ese mismo año, dejando una herencia compleja: una empresa en lo más alto, pero muy dependiente de su figura.

Cook optó por una gestión más colegiada y menos personalista. Bajo su mando, Apple ha potenciado enormemente el negocio de servicios (Apple Music, iCloud, Apple TV+, Apple Arcade, Apple Pay…), ha expandido la red de Apple Store por todo el mundo y ha apostado por políticas públicas más visibles en temas como privacidad, medio ambiente o derechos laborales, con luces y sombras.

En la cúpula actual de Apple destacan nombres que quizá no sean tan mediáticos como Jobs, pero que tienen un peso enorme: Eddy Cue al frente de servicios, Craig Federighi como responsable de ingeniería de software (iOS y macOS), Johny Srouji en tecnologías de hardware y chips, Deirdre O’Brien gestionando personas y retail, Sabih Khan en operaciones, Lisa Jackson en medio ambiente, o Greg “Joz” Joswiak en marketing global.

Uno de los movimientos técnicos más ambiciosos de esta etapa ha sido la transición a Apple Silicon. Tras años usando procesadores Intel, Apple decidió diseñar sus propios chips basados en arquitectura ARM, comenzando con el M1 en 2020. Esa transición, que se apoya en la experiencia previa con los A-series del iPhone y iPad, ha devuelto al Mac una ventaja clara en rendimiento por vatio y control total de la plataforma.

Junto a la parte luminosa, también ha habido polémicas sonadas: acusaciones de ingeniería fiscal y optimización agresiva de impuestos, críticas por las condiciones laborales en proveedores asiáticos, debates sobre reparabilidad y “derecho a reparar”, o el escándalo del “batterygate”, cuando se descubrió que Apple ralentizaba iPhones antiguos para evitar apagados con baterías degradadas, sin explicarlo con claridad a los usuarios.

En el terreno legal y competitivo, Apple ha estado envuelta en docenas de guerras de patentes y disputas con socios y rivales: juicios con Apple Corps (la empresa de los Beatles) por el uso de la marca Apple en música, enfrentamientos con Samsung, HTC y otros fabricantes Android por cuestiones de diseño y software, o el sonado caso con Epic Games en torno a las condiciones de la App Store y las compras in-app.

A pesar de todo, la compañía ha seguido batiendo récords financieros. A lo largo de los años 2000 y 2010, sus ingresos y beneficios crecieron hasta convertir a Apple en una de las empresas más valiosas del planeta, alcanzando y luego superando hitos como el billón y los dos billones de dólares de capitalización bursátil. Su base de usuarios activos de dispositivos supera los mil millones, y su marca se sitúa constantemente en los primeros puestos de los rankings mundiales.

Si se mira la trayectoria de Apple con algo de perspectiva, lo que más llama la atención es cómo una lista relativamente corta de personajes clave ha ido relevándose en el papel protagonista: de los “dos Steves” y Ronald Wayne al trío Jobs-Woz-Markkula, del tándem Jobs-Sculley a la etapa de caos de los 90, del regreso de Jobs y el ascenso de Ive y Cook a la estructura coral actual, con Cook al timón y un equipo de vicepresidentes que sostienen los pilares de hardware, software, servicios y operaciones. La empresa que empezó vendiendo placas de ordenador en un garaje es hoy un gigante que marca el ritmo de la industria tecnológica mundial, y ese viaje no se entiende sin la suma, a veces caótica pero casi siempre brillante, de todas estas figuras.