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«Te hacen bromas incluso siendo adulto». El drama de crecer en Estados Unidos sin iPhone


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El problema de la burbuja verde

El problema de la burbuja verde no solo continúa presente en Estados Unidos. «Es que cada vez va a más», nos cuenta Andrea, española de origen y residente en el país norteamericano desde 2007. Misma fecha en la que salió el iPhone original, lo que le ha permitido ser testigo de lo que supone no tener un iPhone en el país.

Desde este lado del charco nos parece muy lejano todo aquello. Estamos acostumbrados a tener familiares y amigos con Android de cualquier clase. Pero en un país donde hay alrededor de 150 millones de personas con iPhone y esto supone casi un 60% del mercado, sí es raro.

El chivato de imessage

«En el colegio de mis hijos no está permitido llevar móvil durante el horario de clase», nos cuenta Andrea, reconociendo que «no suele ser habitual» que en Estados Unidos implementen estas medidas en colegios, a diferencia de España, donde cada vez se regula más su uso en las aulas.

Sin embargo, incluso aunque no se lleven los móviles al colegio, pueden identificar fácilmente que su hija usa un móvil Android. ¿Cómo? Pues con las famosas burbujas verdes. A diferencia de España, donde WhatsApp es la reina de la mensajería, allí domina la mensajería tradicional y iMessage.

Este es el sistema de mensajería nativo de Apple integrado en la app Mensajes y que solo está disponible en dispositivos de la compañía. Cuando nos comunicamos por esa app con otra persona que tenga también iPhone, será iMessage el servicio por defecto y lo sabremos porque las burbujas del chat son de color azul. Pero si las burbujas son verdes, implican que lo que se envían son SMS y, por ende, se entiende que el otro usa Android.

Aquella llamada por parte del colegio hizo saltar las alarmas. Su hija nunca se lo había contado antes, pero desde que recibió su primer móvil tuvo que recibir burlas por parte de sus «amigos». Tras hablar con ella tratando de saber qué ocurría, ya supo todo.

La hija de Andrea, de 13 años, tiene un Android heredado precisamente de ella porque, cree, «es muy pequeña todavía» para tener un iPhone. No por precio, ya que allí dice Andrea que las compañías telefónicas ponen facilidades, sino porque le preocupa el peligro de las redes sociales y apenas le deja usar su móvil unas pocas horas al día.

«Broke» (similar a «pobre») es el insulto que más recibía la hija de Andrea y aunque no lo describe como «un acoso constante» y sí como «bromas eventuales», al final «acabó afectándole mucho». Tanto que incluso tuvo que buscar ayuda psicológica, que afortunadamente fue brindada por el propio colegio.

También hay bromas entre adultos

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Andrea reconoce que no le «termina de convencer» el iPhone, algo que no achaca tanto al dispositivo de Apple, como sí a la «costumbre» de haber llevado Android desde hace 15 años. Su primer smartphone fue un Sony Ericcson (cuando ambas marcas lanzaban los Xperia), un regalo que recibió en la Navidad de 2011 que pasó en tierras españolas.

En estos años ha tenido el iPhone X y el iPhone 13 Pro, aunque hace un año y medio regresó a Android con un Samsung Galaxy S24 que, como aquel primer smartphone, fue un regalo que recibió en España. Y con este ha comprobado como también entre adultos hay «bromitas».

Incluso tener un gama alta de Android es motivo de bromas

«No llega a ser tan heavy como con los chavales», nos dice Andrea, «pero está bastante extendido». Es algo que llega a «cansar» mucho, reconoce. «Una vez, organicé una cena para el vecindario y un vecino miró mi móvil y me dijo que esperaba que la comida sí fuese buena y no como esto (refiriéndose al móvil)».

También en el ámbito laboral se encuentra con gente que «no logra comprender que use un Android por gusto». Dice que en su empresa les dan un catálogo cada dos años con varios móviles a elegir y que mientras todos escogen un iPhone, ella elige un Android por «comodidad». Y suele ser la única en hacerlo.

«En mi empresa solemos usar también la mensajería de texto tradicional y cuando ven que al escribirme a mí sale una burbuja verde me preguntan si mi móvil está roto». Dan por hecho que lo normal es llevar un iPhone.

Un problema extendido

Con el paso del tiempo y habiéndose rodeado de nuevos grupos sociales, dice Andrea que su hija no volvió a sufrir ningún tipo de broma, insulto o acoso por no tener un iPhone. «Alguna broma de vez en cuando, pero ya». «No le afecta tanto», nos cuenta.

El problema es que esto parece bastante extendido en el contexto juvenil y social de Estados Unidos, donde el iPhone es mucho más que un teléfono. Es un símbolo de pertenencia social. Hay datos que señalan que más de un 85% de adolescentes en el país poseen un iPhone, dejando a Android en una minoría aún más reducida que la de los datos globales.

Ese dominio no solo condiciona las decisiones de compra, sino también los comportamientos sociales. Algunos informes indican que muchos adolescentes consideran el iPhone como «el móvil normal» y perciben los Android como algo más asociado a personas con un menor estatus económico.

Al final, un móvil no deja de ser una herramienta de comunicación. Y convertir una tecnología que nació para conectarnos en un motivo de exclusión o acoso es justo lo contrario de lo que debería representar esta innovación.

Imagen de portada | Nick Fancher en Unsplash y Brett Sayles en Pexels