Un ensayo clínico en condiciones reales con pacientes de alto riesgo
Un conjunto de investigaciones recientes, encabezadas por un ensayo clínico realizado en el Centro Médico Universitario de Ámsterdam (Amsterdam UMC) y publicado en el Journal of the American College of Cardiology, apunta a que el Apple Watch podría desempeñar un papel relevante en el cribado de estas arritmias en personas mayores y con alto riesgo vascular, algo especialmente interesante para sistemas sanitarios como el español y, en general, para Europa.
La investigación se diseñó como un ensayo clínico aleatorizado en el mundo real, es decir, fuera del ambiente controlado de un laboratorio. Los investigadores holandeses reclutaron a 437 personas de 65 años o más, todas ellas con un riesgo elevado de sufrir un ictus, un perfil que encaja bastante con muchos pacientes que se ven a diario en atención primaria y cardiología en España y otros países europeos.
Los participantes se distribuyeron en dos grupos: 219 personas recibieron un Apple Watch y se les pidió que lo utilizaran unas 12 horas al día, mientras que las otras 218 continuaron con la atención estándar, basada en visitas médicas habituales, electrocardiogramas puntuales y pruebas adicionales solo cuando existían síntomas o sospechas clínicas.
El seguimiento se prolongó durante seis meses completos. Durante ese tiempo, el grupo con reloj inteligente dispuso de una monitorización prácticamente continua de la frecuencia y el ritmo cardiacos, mientras que el grupo de control dependió de los controles médicos tradicionales, que suelen ofrecer una visión muy limitada en el tiempo.
Los autores subrayan que se trata de un estudio con tamaño de muestra moderado (437 participantes) y una mediana de edad en torno a los 75 años. Es decir, las conclusiones se ajustan sobre todo a personas mayores de alto riesgo; una cohorte con características distintas podría arrojar cifras algo diferentes, aunque se espera que las tendencias principales se mantengan.
Cuatro veces más arritmias detectadas con apple watch
Al cabo de los seis meses, los resultados fueron claros: en el grupo que llevaba el reloj de Apple, se diagnosticó una arritmia cardiaca en 21 pacientes, en su mayoría fibrilación auricular. En cambio, en el grupo que solo recibió atención estándar se identificaron 5 casos de arritmia.
Dicho de otra forma, los médicos detectaron arritmias unas cuatro veces más a menudo entre quienes utilizaban el Apple Watch que entre quienes seguían únicamente los controles convencionales. Esta diferencia fue estadísticamente significativa y respalda la idea de que la monitorización prolongada desde la muñeca permite sacar a la luz problemas que de otra manera permanecerían ocultos.
Hay un dato especialmente llamativo: de los 21 pacientes del grupo con reloj, en torno al 57% no presentaba síntomas en el momento del diagnóstico. Es decir, eran personas que se sentían bien, no tenían palpitaciones ni molestias evidentes y probablemente no habrían acudido al médico por iniciativa propia.
En el grupo de atención estándar la situación fue muy diferente: los cinco pacientes en los que se detectó una arritmia sí referían síntomas claros, lo que evidencia que, sin monitorización continua, se tiende a diagnosticar solo a quienes ya notan algo raro, mientras que los casos silenciosos pueden pasar desapercibidos durante años.
Si se traducen estos datos en proporciones, el grupo con Apple Watch alcanzó una tasa de detección de fibrilación auricular cercana al 9,6% durante los seis meses, frente a aproximadamente un 2,3% en el grupo de control, según el análisis detallado del ensayo.
Por qué la fibrilación auricular se escapa a los controles clásicos
La arritmia protagonista de este tipo de trabajos es la fibrilación auricular, el trastorno de ritmo más habitual en adultos mayores. En esta situación, las aurículas —las cavidades superiores del corazón— dejan de contraerse de manera ordenada y pasan a temblar de forma descoordinada, produciendo un latido caótico.
Los cardiólogos explican que el interior de la aurícula no es una superficie lisa, sino que presenta crestas, pliegues y pequeñas bolsas. Cuando la pared auricular ya no se contrae bien y solo vibra, la sangre puede estancarse en esos recovecos y formar coágulos. Si uno de esos coágulos se desprende y viaja hasta el cerebro, puede obstruir una arteria y provocar un ictus.
Las sociedades científicas, como la Asociación Americana del Corazón y sus homólogas europeas, advierten de que la fibrilación auricular puede multiplicar por cinco el riesgo de ictus. El problema es que alrededor de la mitad de los casos son intermitentes y a menudo no dan síntomas llamativos, o estos se confunden con simple cansancio, nerviosismo o falta de forma física.
Cuando una persona se hace un electrocardiograma (ECG) convencional en la consulta o en urgencias, el profesional solo dispone de una “foto” de unos segundos del ritmo cardiaco. Si justo en ese instante no coincide un episodio de fibrilación, el registro será normal y el diagnóstico se aplaza, aunque el problema siga apareciendo de forma esporádica en otros momentos del día o de la noche.
Esa naturaleza intermitente explica por qué, pese a acudir a revisiones, muchos pacientes con fibrilación auricular siguen sin diagnosticar hasta que sufren un ictus o una complicación seria. Aquí es donde los dispositivos capaces de registrar el pulso durante horas y horas pueden aportar información valiosa.
Ventaja clave del apple watch: ppg, ecg y monitorización continua
La apuesta de Apple por la salud cardiaca dio un salto importante en 2018 con la llegada del Apple Watch Series 4. Ese modelo incorporó la app de electrocardiograma (ECG) y las notificaciones de ritmo cardiaco irregular, funciones que se han ido manteniendo y refinando en generaciones posteriores del reloj.
El dispositivo combina dos tecnologías principales: la fotopletismografía (PPG), que mide la frecuencia cardiaca de forma continuada mediante un sensor óptico en la muñeca, y un ECG de una sola derivación, que el usuario puede activar apoyando un dedo sobre la corona digital para obtener un trazado eléctrico básico del corazón.
La PPG permite al reloj identificar variaciones en el pulso que no encajan con un ritmo regular y, si detecta patrones sospechosos, puede generar una notificación de posible ritmo irregular. Por su parte, la función de ECG ofrece un registro sencillo que, aunque no sustituye a un electrocardiograma clínico completo, sí resulta útil para detectar fibrilación auricular y otras anomalías frecuentes.
Frente a otros sistemas de monitorización prolongada, como los holter tradicionales con electrodos adhesivos y dispositivos voluminosos o los registradores implantables de corto plazo, el smartwatch tiene la ventaja de que se integra en la vida diaria con menos incomodidades. La mayoría de usuarios lo lleva puesto muchas horas al día casi sin pensarlo, lo que multiplica la probabilidad de captar episodios esporádicos.
Los propios investigadores del Amsterdam UMC señalan que ya existían dispositivos capaces de registrar pulso y actividad eléctrica cardiaca, pero faltaban estudios sólidos en entornos reales que valoraran su utilidad para el cribado de personas con mayor riesgo de fibrilación auricular. El ensayo que han publicado contribuye precisamente a llenar ese vacío.
Más detección… pero también falsos positivos que hay que gestionar
Además de la mayor tasa de diagnósticos confirmados, el análisis fino del estudio muestra que el Apple Watch no es infalible. Casi la mitad de las alertas generadas por el reloj durante el seguimiento resultaron ser falsos positivos, es decir, avisos que no se correspondían finalmente con fibrilación auricular ni con otra arritmia clínicamente relevante según las pruebas médicas posteriores.
Desde la perspectiva clínica, estos falsos positivos implican sobre todo una mayor carga de consultas y pruebas complementarias para comprobar si realmente existe un problema. También pueden generar cierta preocupación en los usuarios, que al recibir un aviso sobre su corazón tienden, lógicamente, a alarmarse.
Los especialistas matizan, no obstante, que más allá de esa posible inquietud y del tiempo invertido en la evaluación, no se han observado efectos adversos directos asociados a las alertas. En otras palabras, la balanza se inclina hacia una mayor sensibilidad —se detectan más casos potenciales— a costa de perder algo de especificidad.
En sistemas sanitarios con alta presión asistencial, como ocurre en buena parte de Europa, esto abre un debate interesante: cómo integrar de forma ordenada las notificaciones procedentes de relojes inteligentes en los circuitos de atención, de manera que se prioricen los casos realmente sospechosos sin saturar innecesariamente las consultas.
Los investigadores recuerdan además que, aunque el reloj puede identificar bien la fibrilación auricular, la confirmación diagnóstica siempre debe hacerse en un entorno médico, con registros de mayor calidad y valoración especializada. El smartwatch, en este sentido, actúa como un “detector temprano” más que como una herramienta de diagnóstico definitivo.
Impacto potencial en ictus, tratamientos y sistemas sanitarios europeos
El cardiólogo Michiel Winter, del Amsterdam UMC, resume el alcance de estos hallazgos destacando que el uso de relojes inteligentes con funciones PPG y ECG ayuda a diagnosticar arritmias en personas que no eran conscientes de padecerlas, lo que permite acelerar el proceso diagnóstico y, en teoría, reducir el riesgo de ictus asociado.
Cuando se confirma una fibrilación auricular, una de las estrategias principales de prevención es la prescripción de tratamiento anticoagulante en los pacientes que lo necesitan, con el objetivo de disminuir la formación de coágulos. Sin embargo, diversos estudios internacionales apuntan a que hasta el 50% de quienes deberían estar anticoagulados no lo están, ya sea por falta de diagnóstico o por otros factores.
Si se logra identificar a más pacientes —incluidos los asintomáticos— en fases relativamente tempranas, los profesionales tienen la oportunidad de iniciar antes estas terapias preventivas y, con ello, reducir la incidencia de ictus vinculados a la fibrilación auricular. El beneficio no sería solo clínico, sino también económico, al evitar hospitalizaciones prolongadas, secuelas invalidantes y necesidades de rehabilitación costosa.
Según Winter y su equipo, en grupos muy seleccionados de alto riesgo, como los incluidos en el ensayo, la reducción de complicaciones podría compensar el coste inicial del dispositivo, algo especialmente relevante para sistemas públicos como el español, donde cualquier inversión debe justificarse por su impacto en salud y en sostenibilidad.
En este contexto, se abre la puerta a que, en el futuro, algunos sistemas sanitarios