Un macbook diferente para ocupar un nuevo escalón de precio
Según las filtraciones más recientes, el plan de la compañía pasaría porque el MacBook Air deje de ser el portátil más económico del catálogo. Ese papel lo asumiría un MacBook completamente nuevo que, en lugar de competir por especificaciones, lo haga por coste de compra, dejando claro que su objetivo es abrir puerta a nuevos clientes.
Este modelo contaría con una pantalla de alrededor de 12,9 pulgadas, ligeramente más compacta que la del Air actual. El formato permitiría un portátil más manejable y fácil de transportar, pensado para moverse entre casa, clases, bibliotecas o la oficina sin demasiadas complicaciones.
La decisión más llamativa estaría en el corazón del equipo. En lugar de usar un chip de la familia M, como el M1, M2 o M3, el nuevo MacBook apostaría por el Apple A18 Pro, el mismo SoC presente en los iPhone 16 Pro. Este cambio rompe con la estrategia reciente de Apple en ordenadores, pero encaja en un producto que no pretende competir en bruto de rendimiento.
En cuanto a potencia, se habla de cifras cercanas a las del Apple M1 en tareas generales, suficientes para ofimática, navegación web, vídeo en streaming, gestión de correo y trabajo ligero con aplicaciones de productividad. No sería un portátil para edición de vídeo pesada o grandes proyectos en 3D, pero sí para el uso diario más habitual.
Uno de los recortes más evidentes estaría en la memoria. Diversos informes apuntan a que la configuración básica quedaría en 8 GB de RAM, un valor que, aunque funcional para un uso moderado, deja claro el enfoque de ordenador de entrada y encaja con la estrategia de abaratar la máquina todo lo posible.
Precio objetivo y encaje frente al macbook air
El motivo de estos ajustes técnicos sería alcanzar un rango de precio muy agresivo para los estándares de la marca. Las filtraciones sitúan el modelo base con un coste de entre 699 y 799 dólares, una cifra sensiblemente inferior a la de cualquier MacBook reciente y que podría resultar especialmente atractiva en mercados europeos como España si el tipo de cambio y los impuestos no disparan demasiado la cifra final.
Con ese posicionamiento, Apple renunciaría a seducir a los usuarios más exigentes para centrarse en quienes simplemente quieren un portátil macOS que no se dispare de precio. Es un perfil de comprador que, hasta ahora, o bien asumía el coste del Air como primera opción o bien terminaba optando por un equipo Windows de gama media.
El encaje con el actual MacBook Air sería delicado, sobre todo cuando se miran las ampliaciones. Hoy por hoy, la compañía cobra en torno a 200 dólares por subir de escalón en la RAM, lo que podría provocar que una versión de este nuevo MacBook con más memoria se sitúe peligrosamente cerca del precio de un Air con chip M. La clave estaría en que las configuraciones superiores sigan teniendo sentido económico sin pisar demasiado a la gama inmediatamente superior.
En Europa, el reto añadiría el habitual sobrecoste por IVA y tasas, por lo que la clave para el mercado español estará en comprobar cómo se traduce ese rango de 699-799 dólares a euros y si la empresa consigue mantener una diferencia clara frente al MacBook Air que justifique la existencia de este nuevo escalón.
Si la distancia de precio se mantiene, el catálogo de portátiles de la marca quedaría más escalonado: un modelo de entrada para uso general, el Air para quienes piden algo más de potencia y los MacBook Pro para perfiles profesionales o creativos. Si la brecha se reduce demasiado, en cambio, sería fácil que muchos usuarios optaran directamente por el Air.
Diseño ligero, buena autonomía y sello de la marca
Aunque el interior se simplifique para ajustar el coste, las filtraciones señalan que Apple no renunciaría a un diseño cuidado. Se espera un chasis de aluminio, materiales de sensación sólida y un aspecto en la línea del resto de portátiles de la firma, posiblemente disponible en varios colores para hacerlo más atractivo, sobre todo entre estudiantes y público joven.
La elección del chip Apple A18 Pro también tendría ventajas en autonomía. Al tratarse de un SoC pensado inicialmente para móviles, su consumo energético es muy contenido, lo que permitiría mantener muchas horas de uso lejos del enchufe incluso con una batería menos generosa que la de otros Mac. Para quienes pasan el día entre clases, reuniones o desplazamientos, este punto puede pesar más que la potencia bruta.
En términos de peso y tamaño, todo apunta a un portátil bastante ligero, pensado para meterse en la mochila y olvidarse de que va dentro. Esa combinación de ligereza, buena duración de batería y un rendimiento suficiente para tareas diarias es justo la fórmula con la que la marca quiere diferenciar este nuevo MacBook de las opciones Windows baratas que suelen recortar más en construcción o pantalla.
Donde probablemente se verán limitaciones es en las posibilidades de ampliación y conectividad. No se esperan excesivos puertos ni opciones avanzadas, sino más bien una configuración básica pero funcional, centrada en USB-C, salida de vídeo y el uso de accesorios inalámbricos. Es el mismo enfoque que la empresa ha seguido en otros modelos recientes.
El teclado y el trackpad seguirían el estándar actual de la compañía, con recorrido cómodo y gran superficie táctil. Sin innovaciones rompedoras, pero con esa sensación de conjunto bien rematado que muchos usuarios valoran y que, en este caso, servirá también como elemento diferenciador frente a portátiles económicos de otras marcas.
Un movimiento que explica por dónde va el mercado
Con este proyecto, la compañía no pretende plantar cara a ultrabooks de gama alta ni a portátiles para jugar. La estrategia sería otra: volver a convertir el Mac en el primer portátil de mucha gente, un equipo accesible en precio que sirva de puerta de entrada al resto de productos y servicios de la marca.
En un contexto en el que los ordenadores de gama media con Windows han ganado terreno gracias a promociones y configuraciones muy completas, la empresa busca recuperar parte de ese segmento que se había alejado por una cuestión meramente económica. Un MacBook más barato podría convencer a quienes ya usan iPhone o iPad y se plantean dar el salto a macOS pero se frenan al ver el precio del Air.
Para el mercado español y europeo, este tipo de producto encaja con perfiles muy concretos: estudiantes universitarios, familias que buscan un portátil fiable para casa, usuarios que teletrabajan de forma ligera o quienes se mueven sobre todo con herramientas en la nube. Son públicos que valoran la integración con el móvil, la sincronización con otros dispositivos y una experiencia muy sencilla en el día a día.
Al mismo tiempo, la existencia de un MacBook de entrada presionaría a la competencia. Muchos fabricantes de PCs han llenado el segmento entre 600 y 900 euros con modelos de todo tipo, y la llegada de una opción con macOS podría forzar a ajustar precios, mejorar calidades o reforzar garantías para mantener el tirón comercial.
Este movimiento, además, refuerza la idea de que la empresa prioriza cada vez más la captación de usuarios a largo plazo frente al margen inmediato de cada dispositivo. Cuantos más clientes entren en el ecosistema con un Mac accesible, más opciones tendrá la compañía de que terminen utilizando otros servicios y productos de la marca con el tiempo.
Si los rumores se confirman, el catálogo de portátiles quedaría más escalonado, con un modelo barato que resuelve lo básico, un Air que equilibra potencia y movilidad y una gama Pro para quienes necesitan algo más serio. Para muchos usuarios en España y en el resto de Europa, este nuevo MacBook podría convertirse en ese portátil «para todo» que se usa a diario sin complicaciones y que, sin ser el más potente, cumple lo que promete a un precio menos intimidante que hasta ahora.