Análisis del iPhone: diseño, pantalla, rendimiento y cámara en detalle

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Diseño y construcción: del modelo base al ultrafino air

Apple lleva años afinando un lenguaje de diseño bastante continuista, pero en la generación 17 se han producido cambios muy relevantes. El iPhone 17 base mantiene una estética muy cercana a la del iPhone 16: chasis de aluminio con bordes redondeados y laterales planos, trasera de vidrio completa y la isla de cámaras en un color ligeramente más intenso que el del cuerpo. La sensación en mano es claramente de gama alta.

Este iPhone 17 crece en tamaño de pantalla sin hacerse un ladrillo: pasamos de 6,1 a 6,3 pulgadas, con un peso que apenas sube hasta los 177 gramos (eran 170 en el 16). Los marcos se han recortado de forma notable, así que no da la impresión de ser mucho más grande, pero sí se ve más moderno por delante. Conserva la isla dinámica para la cámara frontal y Face ID, con sensores de proximidad y luz integrados y todas las animaciones contextuales de iOS.

En el lateral seguimos con el botón de encendido y, justo debajo, el botón de Control de Cámara (heredado del iPhone 16), mientras que en el otro lado se sitúan el botón de acción programable, los controles de volumen y la bandeja Nano SIM en los mercados donde no se fuerza el uso exclusivo de eSIM. En la parte inferior nos encontramos con el puerto USB‑C, micrófono principal y uno de los altavoces estéreo.

A nivel de materiales, el iPhone 17 monta marco de aluminio, frontal con Ceramic Shield 2 (consulta reparar la pantalla del iPhone) y una trasera con una variante de este cristal, que según Apple aguanta hasta cuatro veces mejor las roturas que generaciones pasadas. El marco tiende a llenarse de huellas con facilidad, mientras que la trasera es algo más agradecida. La certificación IP68 permite inmersión en agua dulce hasta seis metros durante 30 minutos, así que en ese sentido vamos muy tranquilos.

En la gama Pro el salto de diseño es mucho más agresivo. El iPhone 17 Pro y Pro Max abandonan el titanio y apuestan por un cuerpo unibody de aluminio forjado con una gran “meseta” trasera que alberga cámaras y buena parte de los componentes internos, además de dejar espacio para una batería más grande y una cámara de vapor para refrigeración. Es un diseño que recuerda al salto de los MacBook de policarbonato al aluminio: menos modular, pero más sólido y mejor gestionado térmicamente.

En ergonomía, tanto el 17 base como el 17 Pro de 6,3″ son móviles grandes pero manejables. El Air, pese a ser también un dispositivo amplio, se nota especialmente cómodo por su peso pluma. Casos como el iPhone 13 Pro Max o el 14 Pro Max son otra historia: más de 230-240 gramos, bordes rectos, módulos de cámara muy prominentes y una sensación de “ladrillo” que muchos usuarios acaban mencionando. Son móviles espectaculares, sí, pero para usarlos casi siempre con dos manos.

Pantalla: promotion por fin para casi todos

La gran noticia del iPhone 17 base es que, por primera vez, monta un panel LTPO Super Retina XDR OLED con ProMotion. Hablamos de 6,3 pulgadas, resolución 2622 x 1206 píxeles (unos 460 ppp) y tasa de refresco adaptativa de 1 a 120 Hz. Se acabó la gran diferencia de fluidez respecto a los Pro en el modelo estándar.

La experiencia viniendo de un panel de 60 Hz es muy evidente: desplazamientos mucho más suaves por menús y redes sociales, animaciones más fluidas y una sensación general de rapidez. Gracias a la tecnología LTPO, la frecuencia baja a 1 Hz cuando la pantalla apenas cambia, lo que permite incorporar por fin la función de pantalla siempre activa (Always On Display) sin destrozar la autonomía.

En brillo, Apple promete 1000 nits típicos, 1600 nits en HDR y picos de hasta 3000 nits en exteriores. En la práctica, el panel del iPhone 17 se ve muy bien incluso a pleno sol y el tratamiento antirreflejos ayuda, aunque Apple es algo conservadora con el brillo sostenido para no disparar temperaturas y consumo. El soporte de HDR10 y Dolby Vision se mantiene, con un manejo del contenido HDR muy pulido incluso en ventanas flotantes o multitarea.

Los modelos Pro suben el listón en tratamiento antirreflejos y resistencia, con Ceramic Shield 2 tanto delante como detrás y brillo máximo similar, también en el entorno de los 3000 nits. El iPhone 17 Pro tiene una pantalla OLED de 6,3 pulgadas que, según las pruebas, se ve de lujo bajo el sol y reduce reflejos y huellas mejor que los 16 Pro. La fluidez de los 120 Hz sigue siendo impecable y la integración con los widgets de iOS 26 y la pantalla siempre activa hace que el teléfono resulte útil incluso “apagado”.

El iPhone Air monta un panel OLED de 6,5 pulgadas, 1,5K de resolución y también ProMotion de 1 a 120 Hz. La calidad de imagen está al nivel de la gama alta: brillo muy alto (hasta 3000 nits en exteriores y 1600 en HDR), muy buenos ángulos de visión, contraste típico de OLED y colores bien calibrados. Incorpora una película antirreflejante que reduce ligeramente los reflejos, pero no llega al nivel de los mejores Android en este punto; la mejora está, pero no es dramática.

Donde el Air flojea algo es en el motor háptico: la vibración es aceptable pero menos contundente y precisa que en el iPhone 17 base o en los Pro. Para quien disfruta de la vibración del teclado o de notificaciones muy “limpias”, no es el mejor iPhone de la gama. Aun así, en calidad pura de pantalla, todos los modelos de esta generación se sitúan, sin dudas, entre lo mejor del mercado.

Sonido: del sobresaliente al gran sacrificio del air

En audio, el iPhone 17 mantiene el tradicional sistema de altavoces estéreo híbridos: uno en la parte inferior y otro en el auricular frontal. El resultado es un sonido nítido, bien balanceado y con buena presencia en graves para ser un móvil. Es un apartado donde Apple ya venía fuerte desde los 13 y 14 Pro Max, y aquí se mantiene el nivel: volumen suficiente, buen detalle en medios y bajos y cero distorsión en el rango normal de uso.

El volumen máximo puede quedarse algo corto en entornos muy ruidosos, pero para reproducir series, vídeos, juegos o podcasts el conjunto es muy satisfactorio. Respecto al iPhone 16 no hay una revolución, pero sí una sensación de continuidad en la que se sigue estando entre los mejores en sonido móvil. No hay grandes críticas salvo la habitual recomendación de usar buenos auriculares si eres especialmente exigente con la música.

En los modelos Pro ocurre algo parecido: sonido potente, estéreo bien definido y estabilidad incluso en volúmenes altos, ideal para acompañar a la experiencia de vídeo profesional que ofrecen estas cámaras. No hay grandes críticas salvo la habitual recomendación de usar buenos auriculares si eres especialmente exigente con la música.

El iPhone Air, en cambio, asume un recorte importante: solo tiene un altavoz principal en la parte superior, justo encima de la isla dinámica. Nada de altavoz extra en la zona del USB‑C. Eso significa que todo el sonido sale de un punto, lo que mata el efecto estéreo. Ver una película o jugar con el móvil en horizontal se parece a tener un solo auricular funcionando.

Además, el altavoz del Air se queda corto de volumen y, si lo subimos demasiado, la señal empieza a saturar con claridad. Apenas hay graves y el sonido se vuelve algo metálico, así que este iPhone prácticamente pide usar auriculares siempre que quieras disfrutar de contenido. En llamadas convencionales se defiende, pero en manos libres y ambientes ruidosos también se nota esa falta de pegada. Es uno de los sacrificios más claros que hace el modelo ultrafino.

Rendimiento y chips: a19 vs a19 pro y el papel de la refrigeración

En rendimiento puro, la generación 17 está muy por encima de las necesidades de la mayoría de usuarios. El iPhone 17 base monta el Apple A19 fabricado en 3 nm, con dos núcleos de alto rendimiento que llegan en torno a 4,26 GHz y cuatro núcleos de eficiencia sobre los 2,6 GHz. La GPU integra cinco núcleos y la RAM sube a 8 GB.

Las diferencias frente al A19 Pro de los modelos superiores están principalmente en un núcleo menos de GPU y en la RAM (12 GB en Pro y Air), pero en el día a día apenas vas a notarlo fuera de juegos muy pesados o flujos de trabajo muy profesionales. En benchmarks como Geekbench 6 o 3DMark, el A19 coloca al iPhone 17 base en cifras sobresalientes comparado con Android de gama alta.

En uso real, todo va como un tiro: abrir y cambiar entre apps, edición de fotos, navegación, redes sociales y juegos AAA como Resident Evil Village o Zenless Zone Zero funcionan a máxima calidad gráfica. El problema llega en sesiones largas: sin cámara de vapor, el iPhone 17 recurre a soluciones térmicas pasivas y termina calentándose bastante por la zona trasera cuando le exigimos durante mucho tiempo.

Ese aumento de temperatura provoca thermal throttling: el sistema baja progresivamente la frecuencia para contener el calor. No hay tirones bruscos, pero sí una caída gradual de rendimiento si llevas una hora dándole fuerte a un juego. Es perfectamente usable, pero si eres muy jugón, el consejo claro es usar un mando externo y no estrujarlo eternamente en verano.

En los iPhone 17 Pro y Pro Max la historia cambia por la cámara de vapor soldada al chasis de aluminio. Esa solución disipa mejor el calor del A19 Pro y permite mantener rendimientos sostenidos mucho más altos. Hablamos de un chip con 6 núcleos de CPU, 6 núcleos de GPU y un Neural Engine de 16 núcleos que iguala en potencia gráfica al M2 de algunos MacBook. En Geekbench y otras pruebas, el 17 Pro se sitúa con claridad como uno de los móviles más potentes del mercado.

Lo importante es que esa potencia se sostiene: puedes jugar durante más de media hora a títulos exigentes sin notar caída de FPS significativa, y editar vídeo 4K o ProRes sin que el teléfono se convierta en una estufa. Es aquí donde el nuevo diseño unibody de aluminio y la cámara de vapor marcan la diferencia real frente al 17 base y frente a generaciones anteriores como el 16 Pro.

El iPhone Air también utiliza el A19 Pro, aunque con un núcleo menos de GPU que los Pro y, sobre todo, sin esa cámara de vapor. En tareas del día a día