La itc pone bajo la lupa la detección de caídas
La investigación abierta por la ITC se apoya en la Sección 337 de la legislación estadounidense, un instrumento legal que se utiliza cuando se sospecha que se están importando o vendiendo en Estados Unidos productos que infringen derechos de propiedad industrial. En este caso, el objeto de análisis son los llamados «dispositivos portátiles de detección de caídas y sus componentes», una categoría en la que encajan de lleno los relojes inteligentes actuales.
Según el aviso de inicio de la investigación, UnaliWear sostiene que determinados wearables con detección de caídas vulneran dos patentes registradas en Estados Unidos: la número 10.051.410 (conocida como la patente ‘410) y la 10.687.193 (la patente ‘193). Estas protecciones cubren tecnologías relacionadas con la forma en que el dispositivo detecta que el usuario ha sufrido una caída y qué acciones se ejecutan a continuación, como enviar alertas o contactar con servicios de emergencia.
La ITC no es un tribunal penal ni fija indemnizaciones económicas, pero tiene la capacidad de imponer medidas comerciales muy severas. Entre ellas, la más relevante es la posibilidad de impedir la entrada de los dispositivos señalados en el país, así como bloquear su venta si ya han sido importados. Para una compañía como Apple, o para fabricantes con catálogos globales como Samsung, Google o Garmin, un veto de este tipo puede alterar por completo la estrategia de producto.
Para que un caso de este tipo pueda prosperar, la legislación estadounidense exige que exista una industria doméstica vinculada a las patentes afectadas. UnaliWear afirma cumplir este requisito, alegando que desarrolla y comercializa en Estados Unidos tecnología de detección de caídas basada en las patentes objeto de la disputa, algo que resulta clave para que la ITC dé continuidad al expediente.
Desde la óptica europea, puede parecer un conflicto lejano, pero cualquier decisión que limite el uso de ciertas soluciones en Estados Unidos suele repercutir en la hoja de ruta mundial de los fabricantes. Si las empresas se ven obligadas a modificar la manera en que funciona la detección de caídas para cumplir con una resolución de la ITC, es probable que esos cambios terminen llegando también a los modelos vendidos en España y en el resto de Europa, a menudo mediante actualizaciones de software.
Qué reclama unaliwear y a quién apunta la investigación
La denuncia que ha activado a la ITC fue presentada por UnaliWear, una empresa con sede en Texas especializada en soluciones de seguridad para usuarios vulnerables. En su escrito, la compañía no se limita a señalar a Apple: la formulación empleada abarca «relojes electrónicos capaces de detectar cuando un usuario ha sufrido una caída, y sus componentes», un paraguas bajo el cual entran también determinados modelos de Samsung, Google y Garmin.
El núcleo del conflicto es la forma concreta en que estos relojes identifican una posible caída y gestionan la respuesta posterior. UnaliWear sostiene que la implementación de esta función en los distintos dispositivos invade el ámbito protegido por sus patentes, al menos en varios de los aspectos técnicos descritos en las reivindicaciones de las patentes ‘410 y ‘193.
En cuanto a las medidas solicitadas, la empresa texana pide a la ITC la emisión de una orden de exclusión limitada, que serviría para bloquear la importación a Estados Unidos de los dispositivos supuestamente infractores. Además, reclama varias órdenes de cese y desistimiento destinadas a prohibir la venta de aquellos relojes que ya se encuentren dentro del país y que, a juicio de la ITC, utilicen tecnología cubierta por las patentes en disputa sin la autorización correspondiente.
Traducido a un lenguaje más cotidiano, UnaliWear busca que los modelos señalados dejen de entrar en el mercado estadounidense y que los que ya están en circulación no puedan seguir comercializándose con normalidad. La mera posibilidad de que se apliquen estas medidas genera presión sobre los fabricantes, que podrían verse empujados a negociar licencias, modificar el diseño de la función o, en el peor de los casos, desactivarla parcial o totalmente en determinadas regiones.
En el contexto europeo, un eventual veto en Estados Unidos no obligaría automáticamente a replicar la misma respuesta en la Unión Europea, pero las marcas suelen intentar mantener una línea de producto lo más unificada posible para simplificar producción, soporte y actualizaciones. Por eso, si se llega a un acuerdo o a un rediseño de la tecnología de detección de caídas, no sería extraño que ese nuevo enfoque se aplique también en los relojes que se venden en España.
Un nuevo frente tras los conflictos con masimo y alivecor
La investigación sobre la detección de caídas no surge en un vacío: el Apple Watch ya arrastra un historial de disputas de patentes relacionadas con funciones de salud. En los últimos años, Apple se ha enfrentado, entre otros, a conflictos con AliveCor y con la compañía de tecnología médica Masimo, centrados en herramientas avanzadas de monitorización.
El caso de Masimo fue especialmente sonado. La ITC llegó a la conclusión de que ciertos modelos del reloj de Apple infringían patentes relacionadas con la medición de oxígeno en sangre, lo que desembocó en una prohibición temporal de importación de varios Apple Watch en Estados Unidos. Durante un periodo, esta decisión obligó a Apple a ajustar su estrategia comercial en uno de sus mercados clave.
Posteriormente, la compañía consiguió levantar el veto y continuar vendiendo sus relojes, aunque el enfrentamiento legal con Masimo no se ha cerrado por completo. El caso dejó clara una tendencia: las funciones de salud de los wearables, antaño vistas como simples extras, se han convertido en un terreno de alto valor estratégico y, por tanto, muy disputado desde el punto de vista de la propiedad intelectual.
En este nuevo escenario, la denuncia de UnaliWear vuelve a dirigir el foco hacia otra característica muy promocionada por los fabricantes: la detección automática de caídas. Esta función se ha presentado comercialmente como una herramienta de seguridad pensada para personas mayores, usuarios con movilidad reducida o deportistas que entrenan en solitario, especialmente en relojes de gama alta como los modelos más avanzados de Apple Watch o los dispositivos de aventura de Garmin.
Si la ITC terminara dictaminando que la tecnología usada por Apple, Samsung, Google y Garmin invade las patentes de UnaliWear, podría repetirse un escenario parecido al de Masimo, con restricciones a la importación y venta de determinados modelos en el mercado estadounidense. Ante un panorama así, las compañías tendrían pocas opciones: recurrir, renegociar, licenciar la tecnología o rediseñar la función para evitar el campo protegido por las patentes en disputa.
Plazos, posibles efectos en el mercado y mirada desde europa
Por ahora, la investigación de la ITC se encuentra en una fase temprana. El organismo ha notificado a las compañías afectadas —entre ellas Apple, Samsung, Google y Garmin— que disponen de 20 días para responder desde la recepción oficial de la documentación. Ese plazo es clave porque, si alguna no contesta a tiempo, la Comisión puede considerar que renuncia a su derecho a defenderse en esta etapa.
En el propio aviso se detalla que la falta de respuesta puede interpretarse como una renuncia a comparecer y a impugnar las alegaciones. En ese supuesto, el juez de derecho administrativo y la ITC podrían dar por buenos los hechos tal como los describe UnaliWear y avanzar hacia una decisión inicial, que eventualmente podría transformarse en una orden de exclusión o en órdenes de cese y desistimiento contra los fabricantes implicados.
Si el proceso sigue su curso, lo normal es que se alargue durante meses. La ITC suele llevar a cabo análisis técnicos extensos y comparaciones detalladas entre las patentes y las tecnologías utilizadas en los productos investigados. Esto incluye revisión de documentación, pruebas periciales y, a menudo, audiencias en las que cada parte expone sus argumentos. Paralelamente, no es raro que las empresas afectadas exploren acuerdos privados o cambios técnicos que permitan cerrar el caso antes de llegar a sanciones definitivas.
Para los usuarios de España y del resto de Europa, el impacto de este tipo de disputas no suele ser inmediato, pero sí puede notarse a medio plazo. Los fabricantes de wearables tienden a unificar hardware y software a escala global, tanto por eficiencia como por coherencia de marca. Si la detección de caídas se modifica, se limita o se reconfigura para adaptarse a una resolución de la ITC, lo más probable es que esos ajustes se reflejen también en las versiones europeas del Apple Watch y de otros relojes inteligentes populares.
Hasta el momento, ni Apple ni el resto de empresas señaladas han publicado una postura detallada sobre esta nueva investigación. Algunos medios especializados han intentado recabar comentarios, a la espera de una respuesta oficial que aclare si las compañías optarán por litigar hasta el final, buscar un acuerdo amistoso o introducir cambios técnicos en la detección de caídas para esquivar el área que UnaliWear considera protegida por sus patentes.
Con este nuevo expediente abierto, la detección de caídas del Apple Watch y de otros relojes inteligentes se suma a la lista de funciones de salud que generan tensiones entre innovación tecnológica y derechos de propiedad industrial. Lo que finalmente decida la ITC sobre estas patentes de UnaliWear y el uso de la detección de caídas marcará, con bastante probabilidad, el rumbo que sigan las grandes marcas de wearables en sus próximas generaciones de producto, tanto en Estados Unidos como en mercados clave para ellas como España y el resto de Europa.