Un récord histórico: 11.000 millones en un solo año
En una entrada publicada en su blog corporativo, la compañía explica que los más de 11.000 millones desembolsados en 2025 marcan un hito no solo para Spotify, sino para el conjunto del negocio musical. Charlie Hellman, responsable del área musical de la firma, subraya que se trata del mayor pago anual a la música que se ha registrado hasta ahora por parte de un minorista.
La cifra viene acompañada de otro dato relevante: los artistas y sellos independientes concentran ya la mitad de todas las regalías que reparte la plataforma. Es decir, el circuito alternativo y no vinculado a las grandes multinacionales discográficas ha ganado un peso notable dentro del reparto de ingresos que genera el streaming.
Desde el lanzamiento del servicio, los pagos acumulados de Spotify a la industria se acercan a los 70.000 millones de dólares, según datos internos. Solo el último ejercicio supuso un salto de más del 10% en el volumen de dinero distribuido, una evolución que, de acuerdo con Hellman, se traduce en cambios reales en las cuentas de muchos profesionales del sector.
El directivo asegura que hoy existe un número mayor de artistas que ingresan más de 100.000 dólares al año solo con Spotify que el volumen de músicos que lograban esa facturación en la época dorada del CD mediante ventas en tiendas físicas. Ese contraste ilustra, en su opinión, la magnitud del giro que ha vivido el negocio discográfico.
En paralelo, la compañía insiste en que, pese a las críticas que aún recibe el modelo de streaming, nos encontramos en una etapa con más oportunidades para los creadores que en casi cualquier otro momento de la historia de la música grabada. Para Spotify, los datos de pagos y la expansión del mercado respaldan esa lectura.
Spotify, motor del crecimiento del negocio musical global
Dentro del mercado de la música grabada, Spotify representa aproximadamente el 30% de los ingresos a nivel mundial, de acuerdo con las cifras difundidas por la propia empresa. En 2025, los pagos realizados a titulares de derechos crecieron más de un 10%, mientras que otras fuentes de ingresos de la industria se quedaron en torno al 4%.
Este diferencial sitúa a la plataforma de origen sueco como uno de los principales motores del crecimiento de la facturación musical a escala internacional. El streaming de pago se consolida así como el eje central de las cuentas del sector, desplazando definitivamente al formato físico y a las descargas digitales como fuentes principales de ingresos.
Un factor clave detrás de esta expansión es el aumento de la audiencia de pago. Hellman recuerda que más de 750 millones de personas en todo el mundo abonan cada mes una suscripción de música en streaming, contando todos los servicios del mercado. Ese volumen de usuarios de pago es el que sostiene el incremento de ingresos que las plataformas comparten con sellos y artistas.
En el caso de Spotify, la empresa indica que cerca del 70% de lo que ingresa por música se destina directamente a la industria en forma de regalías. Es decir, aproximadamente dos tercios de su facturación asociada a la música acaban en manos de titulares de derechos: compañías discográficas, editoriales, distribuidoras y los propios creadores.
El tercio restante financia la actividad de la compañía y se orienta, según Spotify, a reinvertir en la propia plataforma: desarrollo tecnológico, mejoras en la experiencia de usuario, herramientas promocionales y nuevos formatos de contenido. La empresa sostiene que esta dinámica de reinversión genera un círculo en el que mejores servicios atraen a más usuarios y, por tanto, se disparan también los pagos a la música.
La foto fija del mercado deja a Spotify como actor de referencia en Europa y España, donde su penetración es especialmente elevada en comparación con otros servicios. Aunque la compañía no desglosa públicamente cuánto de esos 11.000 millones se ha generado en territorio europeo, el peso de la región —junto con América y los mercados en expansión— resulta clave en su estructura de ingresos.
Subidas de precio y base de usuarios en máximos
Para apuntalar su rentabilidad, la plataforma ha introducido recientemente incrementos en las tarifas de sus planes premium en múltiples mercados. Esos ajustes de precio, que también han alcanzado a Estados Unidos y Europa, buscan mejorar los márgenes de beneficio sin frenar de forma significativa el crecimiento de la audiencia de pago.
Al cierre del tercer trimestre, Spotify contabilizaba unos 713 millones de usuarios activos mensuales en todo el mundo, manteniendo su posición como el servicio de suscripción de audio más popular. Dentro de esa base se incluyen tanto cuentas gratuitas con publicidad como suscriptores de pago, que son los que aportan la parte más sustancial de los ingresos por música.
La compañía defiende que, a medida que la audiencia se amplía y los precios se ajustan, también aumentan los fondos disponibles para retribuir a la industria. En el último ejercicio, el impacto de esas decisiones se ha traducido en el citado crecimiento de más del 10% en los pagos totales.
En Estados Unidos, por ejemplo, la suscripción individual premium ha pasado a costar 12,99 dólares mensuales, una subida que la empresa justifica por el incremento de los costes y por las inversiones continuas en nuevos contenidos y funcionalidades. Movimientos similares se han producido en Europa, donde los usuarios también han visto revisiones al alza en distintos planes.
Todo ello se produce en un entorno competitivo intenso, con rivales como YouTube y Apple compitiendo por la misma base de oyentes. Pese a esa presión, los datos de usuarios y de pagos a la industria muestran que Spotify mantiene una posición dominante, al menos por ahora, tanto en cuota de mercado como en impacto económico sobre el sector.
Independientes al alza y el reto de destacar entre millones de canciones
Uno de los cambios más significativos que deja este ejercicio es el papel de los sellos y artistas independientes, que ya reciben el 50% de las regalías distribuidas por la plataforma. Frente a la época en la que las grandes discográficas controlaban casi todo el pastel, el ecosistema digital permite que proyectos más pequeños accedan a un reparto cada vez mayor de los ingresos.
Sin embargo, esa apertura viene acompañada de un desafío evidente: la saturación del catálogo. Según datos internos de la plataforma, cada día se suben más de 100.000 nuevas canciones, que compiten con toda la historia de la música grabada disponible en streaming. Para un artista emergente, abrirse hueco en ese océano de contenidos es hoy uno de los grandes obstáculos.
Spotify sostiene que su prioridad para los próximos meses será ayudar a que la música nueva y los artistas en desarrollo obtengan visibilidad, facilitando que construyan una base inicial de seguidores. La compañía ve clave ese primer núcleo de oyentes para que las carreras puedan ser sostenibles a medio plazo, especialmente en Europa y en mercados con escenas locales muy fragmentadas.
La apuesta pasa por reforzar herramientas de descubrimiento, listas de reproducción personalizadas y espacios editoriales donde las recomendaciones humanas sigan teniendo peso frente a los algoritmos puros. En paralelo, la plataforma quiere potenciar el vínculo entre consumo digital y apoyo en el mundo físico.
En esa línea, la empresa destaca que ya ha facilitado más de 1.000 millones de dólares en ventas de entradas al conectar a oyentes con conciertos y eventos en vivo de sus artistas favoritos. Para los próximos años, el objetivo es seguir integrando mejor la escucha en streaming con la asistencia a directos, uno de los pilares económicos más importantes para músicos y bandas.
Reinversión, nuevos formatos y el papel de la ia
Más allá de la música grabada, Spotify continúa expandiéndose hacia formatos como pódcast, vídeo y audiolibros, y apps especializadas como la aplicación oficial de la Filarmónica de Berlín, que se han convertido en áreas estratégicas de crecimiento. La compañía ha impulsado nuevos estudios, acuerdos con productoras y programas de monetización para creadores, especialmente en mercados clave como Estados Unidos y Europa.
Buena parte del tercio de ingresos que la empresa no distribuye como regalías se destina precisamente a financiar estas líneas de negocio y a mejorar la experiencia de uso: aplicaciones más rápidas, recomendaciones más afinadas y funciones pensadas para que los oyentes pasen más tiempo dentro del servicio.
En el terreno corporativo, la firma ha vivido también cambios en su cúpula directiva. Tras la transición de su fundador Daniel Ek a un rol de presidente ejecutivo, la compañía ha apostado por una estructura de dos co-consejeros delegados, Gustav Söderström y Alex Norström, con el objetivo de repartir responsabilidades y acelerar la toma de decisiones.
Otro frente abierto es el de la inteligencia artificial aplicada a la música. Spotify afirma que la tecnología puede aportar valor, pero alerta de que algunos agentes la están utilizando para inundar las plataformas con contenidos de baja calidad creados con IA, con la intención de captar parte de las regalías de forma poco transparente.
Hellman adelanta que la empresa trabaja en medidas para verificar la identidad de los artistas, los créditos de las canciones y la autoría de las obras, con el fin de proteger tanto a los oyentes como a los titulares de derechos. Entre las posibles acciones figuran controles más estrictos sobre el contenido generado con IA y sistemas para dificultar que se manipulen las reproducciones.
En paralelo, la compañía quiere dar más protagonismo a los vídeos presentados por los propios artistas, a los conciertos y a los curadores musicales internos, como forma de reforzar la dimensión humana del descubrimiento musical y contrapesar la automatización creciente del sector.
El balance que deja el último ejercicio para la plataforma es el de un servicio que, en plena competencia con YouTube, Apple y otros actores del sector, ha logrado combinar un aumento del número de usuarios, subidas de precio y un récord histórico de pagos a la industria. Para la música grabada, el auge del streaming —con Spotify a la cabeza en Europa y buena parte del mundo— se ha convertido en la principal fuente de ingresos y en el centro de las discusiones sobre cómo repartir, proteger y hacer crecer ese nuevo pastel digital.