De ipad pro al iphone 17 pro: el esfuerzo térmico que no llega al macbook air
En los últimos años, Apple ha ido incorporando mejoras específicas de refrigeración en varios productos, priorizando la estabilidad térmica para evitar el sobrecalentamiento y el estrangulamiento de rendimiento. El caso más llamativo ha sido el del iPad Pro, donde se han introducido cambios internos orientados casi exclusivamente a controlar las temperaturas.
En el iPad Pro reciente, la compañía decidió añadir láminas de grafito en la carcasa principal y aplicar cobre en la zona del logotipo de Apple. Esta combinación permite que el calor se distribuya y disipe de forma más homogénea, lo que se traduce en una mejora térmica de alrededor de un 20 % respecto a la generación anterior, según los datos que maneja la propia Apple.
En el ámbito del iPhone, el problema se hizo especialmente visible con el iPhone 15 Pro, muy criticado por sus picos de temperatura. La respuesta llegó en dos oleadas: por un lado, un rediseño interno del iPhone 16 para favorecer la disipación del calor; por otro, una revisión mucho más profunda con el iPhone 17 Pro, que integra una cámara de vapor y un chasis unibody de aluminio que actúa como estructura y como elemento disipador.
Gracias a estos pasos, tanto iPad Pro como iPhone 17 Pro cuentan hoy con sistemas de refrigeración pasiva claramente más avanzados que en generaciones pasadas. Y ahí es donde muchos usuarios se preguntan: si en tablets y móviles se ha hecho este esfuerzo, ¿por qué no se aplica la misma filosofía al MacBook Air?
El rediseño del macbook air y sus límites térmicos
El gran cambio para el MacBook Air llegó en 2022, cuando Apple estrenó un cuerpo más fino y ligero, acompañado por el chip M2. Ese rediseño no solo afectó a la estética: también supuso un cambio importante en el sistema de disipación, que pasó de un disipador de metal de mayor tamaño a una lámina de grafito mucho más delgada, sin un bloque de calor «real» como tal.
Esta decisión trajo consigo una consecuencia directa: el MacBook Air con M2 tiende a acelerar térmicamente antes que el modelo previo, sobre todo cuando se le somete a cargas de trabajo exigentes durante periodos prolongados. El sistema sigue siendo completamente pasivo, sin ventiladores, y se apoya en ese grafito para intentar esparcir el calor lo más rápido posible, pero su margen es limitado.
Con la llegada del chip M4 al iPad Pro y la introducción de cobre en el logo y mejoras internas, muchos interpretaron ese movimiento como una pista de lo que podría venir más adelante en el portátil más popular de la marca. Sin embargo, las informaciones que circulan sobre el MacBook Air M5 señalan que la principal, o incluso única, novedad estaría en el procesador, sin cambios reseñables en el sistema térmico.
Sobre la mesa hay varias posibilidades técnicas. Apple podría optar por algo similar a lo que ya ha hecho en el iPhone 17 Pro, incorporando una cámara de vapor u otro sistema más avanzado de disipación pasiva. No obstante, por ahora las filtraciones insisten en que el enfoque para el MacBook Air M5 sería continuista: misma filosofía de diseño y refrigeración, pero con un chip de nueva generación más eficiente y potente.
El problema de fondo es que, aunque Apple Silicon mejora generación tras generación, el margen térmico del MacBook Air no parece evolucionar al mismo ritmo. Si el chasis y el sistema de disipación se mantienen prácticamente iguales, cada aumento de potencia corre el riesgo de acortar aún más el tiempo en el que el equipo puede mantener su rendimiento máximo antes de reducir frecuencias para protegerse del calor.
Qué implicaría un macbook air m5 con solo cambio de chip
Si se cumple el guion que apuntan las filtraciones, el próximo MacBook Air M5 ofrecería básicamente un salto de rendimiento y eficiencia gracias al nuevo chip, sin modificaciones profundas en el resto de componentes clave: mismo chasis, mismo enfoque de refrigeración y, previsiblemente, mismas limitaciones térmicas en escenarios de uso intensivo.
Para el usuario medio en España o Europa, que utiliza el portátil sobre todo para navegar, trabajar con ofimática, estudiar, ver contenido en streaming o editar fotos de forma ocasional, este planteamiento puede ser suficiente. La experiencia diaria en tareas ligeras y moderadas probablemente mejore, aprovechando la mayor eficiencia del M5 sin necesidad de grandes cambios internos.
El debate aparece cuando se piensa en quienes, aun comprando un MacBook Air, esperan mantener un rendimiento alto de forma sostenida en edición de vídeo, exportaciones pesadas, desarrollo con compilaciones continuas u otras cargas profesionales. En esos casos, la combinación de un chip más potente con el mismo sistema de refrigeración pasiva podría traducirse en picos de velocidad muy buenos al principio y una caída posterior cuando el equipo se calienta.
Uno de los riesgos es que el MacBook Air M5 quede, en la práctica, menos preparado para el rendimiento sostenido de lo que su ficha técnica podría sugerir. De cara al marketing, el nuevo procesador será el gran titular, pero en el día a día la experiencia del usuario dependerá en buena medida de cómo se gestione el calor en sesiones largas de trabajo.
Por eso, aunque el enfoque de Apple pueda tener sentido para el gran público, una parte de los usuarios más avanzados podría percibir que el Air se estanca en lo térmico, mientras los chips siguen subiendo de nivel generación tras generación.
El papel del macbook de entrada con a18 pro y la posible canibalización
En paralelo al futuro MacBook Air M5, los rumores apuntan a que Apple trabaja en un nuevo MacBook básico basado en el chip A18 Pro, que llegaría en algún momento de este año. Este modelo se situaría como portátil de entrada dentro de la gama Mac, con un enfoque también muy centrado en la eficiencia y la refrigeración pasiva.
Todo indica que ese MacBook con A18 Pro contará igualmente con un diseño sin ventilador y una gestión del calor muy medida, aprovechando la experiencia acumulada en iPhone y iPad. Si Apple decide darle una solución térmica algo más cuidada, podría convertirse en una alternativa interesante para perfiles que priorizan comodidad, silencio y autonomía frente a la máxima potencia bruta.
Ahí es donde el MacBook Air M5 podría verse en una posición delicada: si mantiene el mismo sistema de refrigeración y solo cambia el chip, una parte de los compradores podría optar por el MacBook de entrada si percibe una experiencia térmica más estable, aunque el Air sea más potente sobre el papel.
Para el mercado europeo, donde muchos usuarios valoran especialmente la relación entre precio, portabilidad y fiabilidad, la gestión térmica puede convertirse en un factor decisivo. No se trata solo de evitar que el equipo se caliente en las manos, sino también de asegurar que el rendimiento no caiga en picado justo cuando más se necesita.
Si finalmente el MacBook Air M5 llega sin cambios en este apartado, Apple estaría confiando casi todo el atractivo del modelo al nuevo chip, dejando la parte de refrigeración en un segundo plano en comparación con lo que ha hecho en iPad Pro y iPhone 17 Pro.
Con todo lo que se sabe hasta ahora, el escenario más probable para el próximo MacBook Air M5 es el de un portátil continuista en diseño y en sistema de disipación, que gana músculo gracias al nuevo procesador pero mantiene las mismas limitaciones térmicas que ya se han señalado en la generación con M2. Para la mayoría de usuarios del día a día puede seguir siendo una opción muy equilibrada, ligera y silenciosa, pero quienes busquen un rendimiento sostenido en tareas pesadas quizá tengan que mirar hacia otras gamas de Mac o esperar a que Apple decida trasladar al Air las mejoras de refrigeración que ya ha estrenado en iPad Pro y iPhone 17 Pro.