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Apple Pay prepara su debut en India y reordena el tablero de pagos digitales


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Un desembarco por fases: primero tarjeta sin contacto, upi más adelante

En esta primera etapa, el plan de la compañía pasa por centrarse en pagos sin contacto basados en tarjetas bancarias. Es decir, los usuarios podrán guardar sus tarjetas de crédito y débito emitidas en India dentro de la app Apple Wallet y pagar acercando el iPhone o el Apple Watch a un terminal compatible con NFC en comercios físicos.

Esta estrategia implica que, al menos al inicio, Apple Pay no se integrará con UPI (Unified Payments Interface), la infraestructura que domina hoy los pagos digitales en India. La arquitectura técnica y el marco regulatorio de UPI son muy distintos a los de los pagos con tarjeta tradicionales, y obligan a Apple a plantear un despliegue más pausado.

El uso cotidiano será muy similar al que ya se ve en España o en otros países europeos: el usuario acerca su dispositivo al terminal, autoriza con Face ID, Touch ID o código y la operación se procesa sin exponer el número real de la tarjeta. Esta capa de tokenización y autenticación biométrica, habitual en la UE por la PSD2, llegará ahora a uno de los mercados de pagos más dinámicos del mundo.

Además de los pagos en tiendas físicas, Apple prevé que funcionen también las compras dentro de apps y en webs compatibles con Apple Pay en India, replicando el modelo ya desplegado en la Unión Europea y otras regiones: menos fricción en el pago y menores abandonos de carrito en comercio electrónico.

Fuentes del sector apuntan a que la firma de Cupertino está negociando con bancos emisores y redes de tarjetas los esquemas de comisiones y el papel de los pasarelas de pago locales. La obtención de todas las licencias y la aprobación final de los reguladores se considera el último gran obstáculo antes de activar el servicio.

Años de retraso: requisitos de datos, biometría y un tren que casi pasa de largo

La llegada de Apple Pay a India ha tardado cerca de una década en concretarse por una combinación de reglas de localización de datos, límites al uso de biometría y un mercado que maduró muy rápido. A diferencia de la UE, donde el tratamiento de datos se regula bajo el paraguas del RGPD pero no exige alojarlos siempre en territorio nacional, la autoridad monetaria india obligó a que toda la información de pagos se almacenase dentro del país.

Para Apple, que acostumbra a controlar de extremo a extremo su infraestructura, esto suponía crear centros de datos locales o apoyarse en socios financieros indios dispuestos a operar bajo sus exigentes estándares de seguridad y privacidad. Este cambio de modelo no era trivial para una empresa que presume de no compartir datos sensibles más allá de lo estrictamente necesario.

El otro gran escollo fue la autenticación biométrica. Durante años, el uso de huella o reconocimiento facial en pagos dependía de sistemas validados por organismos públicos indios, mientras que Apple gestiona Face ID y Touch ID directamente en el dispositivo, sin enviar datos biométricos a la nube. Esta incompatibilidad chocaba de frente con la forma en la que UPI y otros servicios estaban diseñados.

Mientras tanto, el mercado local no se quedó esperando: UPI disparó su uso con plataformas como Google Pay, PhonePe o Paytm, que se hicieron con la inmensa mayoría de las transacciones digitales del día a día. Como consecuencia, cuando Apple Pay ha logrado encajar en la normativa, el ecosistema indio ya estaba muy maduro y fuertemente concentrado en soluciones domésticas.

Este contexto ha obligado a Apple a perfilar una entrada muy distinta a la que desplegó en Europa o en Estados Unidos: menos centrada en conquistar cuota de mercado masiva en el corto plazo y más orientada a encajar en un sistema ya consolidado, empezando por el segmento de usuarios más afines a su ecosistema.

Un mercado gigantesco dominado por upi y rivales consolidados

El escenario al que llega Apple Pay es de una escala difícil de comparar con la mayoría de países europeos. Los pagos digitales suponen prácticamente la totalidad de las transacciones por volumen en India, y UPI se ha convertido en el estándar de facto tanto para pagos entre particulares como para compras en comercios, especialmente a través de códigos QR.

UPI procesa miles de millones de operaciones cada mes, con cientos de millones de usuarios y decenas de millones de comercios conectados. Google Pay, PhonePe y Paytm lideran ese ecosistema, actuando como interfaz de usuario sobre una infraestructura común respaldada por el sector público. Frente a este modelo, Apple Pay funciona como un monedero cerrado ligado a dispositivos Apple y apoyado principalmente en redes de tarjetas.

A todo ello se suma la presencia de Samsung Wallet, que ya opera en India y cuenta con integración UPI, permitiendo configurar cuentas desde el propio proceso de inicio de un nuevo móvil Galaxy. Esta ventaja inicial convierte a la solución de Samsung en un competidor directo de Apple Pay en el terreno de pagos móviles sobre hardware premium Android.

Este contraste con India ayuda a entender mejor el contexto europeo: en la UE, Apple Pay compite con tarjetas físicas, con otras wallets como Google Wallet y con sistemas nacionales de pago instantáneo, pero no existe un equivalente a UPI con un dominio tan abrumador. De ahí que el desafío indio sea mucho más complejo que el que Apple ha afrontado en España, Francia o Alemania.

En la práctica, Apple Pay entrará en India como opción adicional para un nicho de usuarios de gama alta, mientras el grueso del país seguirá usando UPI y apps locales para pagos cotidianos. El éxito de la propuesta dependerá de si esos usuarios perciben suficiente valor añadido en la integración con el ecosistema Apple como para adoptar el servicio de forma habitual.

Estrategia: menos volumen, más fidelización del usuario premium

Apple parece asumir que su valor en India no pasa por competir en igualdad de condiciones con las grandes plataformas UPI, sino por reforzar la fidelidad de quienes ya están inmersos en su ecosistema. Los últimos años han visto crecer de forma notable las ventas de iPhone en el país, con envíos trimestrales récord y una cuota de mercado que, aunque todavía modesta, avanza especialmente en el segmento de gama alta.

Para ese público, Apple Pay llegaría como la pieza que faltaba para completar la experiencia que ya disfrutan usuarios en España y el resto de Europa: posibilidad de dejar la cartera física en casa, unificar tarjetas en el móvil o el reloj y pagar en tiendas, webs y apps con un flujo uniforme y relativamente sencillo.

En términos de negocio, la compañía integra este movimiento dentro de su apuesta global por los servicios, que en mercados maduros como el europeo se ha convertido en uno de los motores de ingresos. Apple Payments Services, la unidad que articula estos productos, busca ampliar el peso de comisiones y acuerdos financieros frente a la dependencia exclusiva del hardware.

La entrada en India también tiene una lectura internacional: al consolidar Apple Pay en uno de los mayores hubs de pagos digitales del mundo, la firma refuerza su posición a la hora de gestionar pagos transfronterizos y comercio electrónico internacional. Para usuarios europeos que compran en webs o apps de empresas indias, o para negocios indios que venden a clientes en la UE, contar con Apple Pay puede reducir fricciones y fallos de autorización en parte de esas operaciones.

Varios actores del sector señalan, además, que la expansión de tecnologías como la tokenización en el dispositivo y la generalización de terminales sin contacto en comercios favorece que servicios como Apple Pay y otros wallets sigan creciendo tanto en Europa como en Asia, incluso donde los sistemas locales dominan el día a día de las microtransacciones.

Perspectiva europea: qué puede aprender españa del caso indio

Aunque el lanzamiento se centra en India, la operación ofrece pistas sobre cómo podrían evolucionar los pagos móviles en España y en el resto de Europa. El choque entre un wallet global privado y un sistema nacional hiperextendido como UPI se parece, en cierto modo, al debate europeo sobre soberanía financiera digital y el papel de los grandes proveedores tecnológicos.

En la zona euro, iniciativas como el Euro Digital o proyectos de pago paneuropeos conviven con el dominio de tarjetas, Apple Pay, Google Wallet y soluciones bancarias propias. Ver cómo India ha exigido a Apple adaptar su modelo, almacenar datos en el país y negociar durante años muestra hasta qué punto los reguladores pueden marcar el ritmo de la innovación.

Para el usuario español, acostumbrado a pagar con el móvil en supermercados, transporte público o comercios de barrio, la noticia confirma que el estándar de seguridad y experiencia de uso de los wallets se está exportando también a mercados ultraexigentes como el indio. Esto refuerza la probabilidad de que en Europa sigan llegando mejoras en autenticación, tarjetas virtuales, gestión avanzada de privacidad y servicios adicionales ligados al monedero digital.

Por otro lado, el énfasis de Apple en pagos sin contacto con tarjeta en India encaja con una tendencia muy visible en España: los datáfonos NFC se han normalizado en todo tipo de tiendas y la costumbre de pagar con el móvil o el reloj está ya muy extendida. La experiencia acumulada en Europa en seguridad, cumplimiento normativo y relación con bancos puede haber resultado clave para que Apple presente una propuesta sólida ante los reguladores indios.

También en el ámbito de los pagos internacionales se dejan ver posibles sinergias: si Apple logra reducir la tasa de transacciones fallidas y optimizar pagos entre India y otros mercados, usuarios y empresas europeas podrían beneficiarse indirectamente de una integración técnica más robusta con bancos y pasarelas indias.

En conjunto, la inminente llegada de Apple Pay a India ilustra cómo los grandes proveedores de tecnología financiera adaptan su modelo a cada geografía, combinando negociación regulatoria, acuerdos con bancos y ajustes técnicos. La operación se ha convertido en un caso práctico de cómo encajar un servicio global en un ecosistema local complejo y ya maduro, con enseñanzas que no pasan desapercibidas para reguladores y actores financieros de España y del resto de Europa.