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En su obsesión por ser el número 1, Steve Jobs hizo algo de lo que muchos estarían avergonzados


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El carácter ganador de steve jobs: una constante en su vida

El carácter ganador de Steve Jobs es algo con lo que predicaba en cada estrofa de su vida. Desde su implicación en Apple, hasta los detalles más absurdos. Su vida y obra están abundantemente documentadas, y muchas personas que le conocieron han atestiguado su inquebrantable deseo de ser el mejor. Este rasgo de su personalidad queda reflejado en la única biografía autorizada por él, la que Walter Isaacson publicó en 2011, pocos días después del fallecimiento del cofundador de Apple.

Los límites absurdos del deseo de ser el número uno

Precisamente en esa biografía se da un fiel reflejo de los límites absurdos a los que llegaba Jobs. Si bien su ingenio y legado son innegables, también tenía ciertas obsesiones extrañas. Entre ellas, una anécdota que resulta especialmente reveladora: la controversia en torno a su tarjeta de empleado.

La tarjeta de empleado: un símbolo de estatus

En Apple, como en tantas otras empresas, los trabajadores tienen una tarjeta y número asignado. En el caso de la compañía californiana, la tarjeta servía como identificativo para poder acceder a las oficinas y a ciertas salas de estas. Este sistema, aparentemente trivial, fue el detonante de uno de los primeros enfrentamientos entre Michael Scott y Steve Jobs.

Michael scott y el desencuentro con steve jobs

Michael Scott, quien fuera el primer CEO de Apple a efectos legales desde 1977 hasta 1981, contó en la biografía de Jobs cómo este se cabreó profundamente por tener el número 2 y no el 1 en la tarjeta de empleado. El primer número recayó sobre Steve Wozniak, el otro cofundador de Apple, mientras que Scott asumió el número 3. La decisión de asignar a Jobs el número 2 fue premeditada. Según Scott, darle el número 1 hubiera alimentado aún más el ego de Jobs.

La pataleta de jobs y la solución intermedia

La reacción de Jobs fue de tal magnitud que incluso llegó a llorar. Para resolver la situación, Scott propuso una solución intermedia: entregarle el número 0. Jobs aceptó esta solución, ya que aunque no fuese literalmente el número 1, lograba ser el primer empleado de Apple al estar su número antes que el de Wozniak. No obstante, la jugada no acabó por ser perfecta.

El problema con bank of américa

En un giro inesperado, Bank of América, la entidad donde se ingresaban las nóminas de los empleados, exigía que Jobs (y cualquier otro) tuviese un número positivo. Por lo tanto, el número 0 no le servía, y a efectos administrativos tuvo que regresar al número 2. No ha trascendido, ni siquiera en la biografía de Isaacson, si este último contratiempo supuso una nueva rabieta para Jobs. Se entiende que no, al ser una cuestión administrativa del banco y no una decisión de Scott. Sin embargo, queda para la posteridad aquel cabreo por ser el número uno.

Resumiendo

La historia de la tarjeta de empleado de Steve Jobs es un reflejo del carácter competitivo y perfeccionista que definió su carrera. Aunque para muchos esta anécdota podría ser motivo de vergüenza, para Jobs fue una extensión de su deseo de superar límites y establecer su lugar en la cima. Esta obsesión por ser el número uno, literal y metafóricamente, se convierte en una pieza más del complejo rompecabezas que fue su vida y legado.