Menú Cerrar

Todo lo que se sabe del MacBook Pro M5: lanzamiento, potencia y si compensa esperar


4.7/5 - (123 votos)

Qué se espera exactamente de los macbook pro m5 pro y m5 max

Las fuentes coinciden en que esta primera hornada de MacBook Pro con chip M5 será muy conservadora en diseño. El chasis estrenado en 2021 seguiría prácticamente intacto, con el mismo formato de 14 y 16 pulgadas, teclado, distribución de puertos y filosofía general del producto.

La actualización se concentraría en tres frentes principales: los nuevos chips M5 Pro y M5 Max, la posible incorporación de un chip de red N1 para reducir latencias y estabilizar la conectividad, y ligeros ajustes en memoria y almacenamiento. Por fuera, el portátil seguiría siendo reconocible para cualquiera que venga de un MacBook Pro M1 Pro o posterior.

La gran revolución de diseño, que incluiría un chasis más delgado, paneles OLED con capacidades táctiles y posiblemente cambios en el sistema de refrigeración, quedaría reservada —si se cumplen las hojas de ruta filtradas— para finales de 2026 o incluso para 2027, ya asociada a una M6. El MacBook Pro M5 jugaría, por tanto, el papel de transición potente y madura antes del gran salto estético.

En cuanto a precios, el escenario es menos claro. Por un lado, Apple estaría apostando por empaquetados más avanzados y cierta modularidad en CPU y GPU que, sobre el papel, deberían ayudar a contener los costes de producción. Por otro, la actual crisis global de memoria RAM presiona especialmente a las configuraciones con 64 GB o más, lo que podría derivar en precios algo más altos en la parte alta de la gama, sobre todo en Europa.

Todo ello dibuja un modelo muy continuista en forma y concepto, pero bastante más ambicioso por dentro, con un margen de incertidumbre importante en lo relativo al precio final en euros.

Modelos previstos y para quién tiene sentido esperar

Con los datos actuales, la gama de entrada de esta nueva familia M5 Pro/Max se estructuraría de forma bastante similar a la que ya conocemos. Se espera un MacBook Pro de 14 pulgadas con M5 Pro como opción principal para creadores móviles, programadores y usuarios que necesitan potencia sostenida en un formato relativamente compacto.

Por encima, el MacBook Pro de 16 pulgadas con M5 Pro ocuparía el puesto de caballo de batalla para fotografía, vídeo 4K y proyectos complejos, mientras que la configuración tope de gama sería el MacBook Pro de 16 pulgadas con M5 Max, pensado para 3D, render, IA generativa intensiva y entornos con varias pantallas externas de alta resolución.

¿Quién debería plantearse aguantar a que lleguen estos modelos? Sobre todo aquellos usuarios que hoy ya sienten que su equipo va al límite: editores que viven en Final Cut, DaVinci, Premiere o Logic con proyectos muy cargados, estudios que renuevan su parque cada 3 o 4 años y necesitan margen para todo el ciclo, o perfiles que trabajan con modelos de IA generativa local y buscan aceleradores neuronales más potentes y más memoria unificada.

En cambio, para tareas más ligeras —ofimática, desarrollo web moderado, edición fotográfica no demasiado agresiva—, un MacBook Pro con M3 o M4 Pro seguirá siendo un equipo sobrado durante años, especialmente si se encuentra con descuentos del 20-25 % en el canal europeo frente a lo que puedan costar los primeros M5.

La consecuencia práctica es que no todo el mundo necesita esperar: quienes estén en entornos creativos exigentes sí tienen incentivos claros para hacerlo; quienes priorizan estabilidad, soporte y buen precio pueden aprovechar la generación actual sin demasiados remordimientos.

Qué salto de potencia puede ofrecer la generación m5

Aunque Apple aún no ha detallado las especificaciones de los M5 Pro y M5 Max para portátil, el chip M5 que ya se utiliza en otros dispositivos de la marca sirve como referencia. En ese contexto, se habla de una CPU de 10 núcleos, una GPU de 10 núcleos con ray tracing acelerado por hardware, un motor neuronal de 16 núcleos y una banda de memoria unificada de unos 153 GB/s, frente a los 100 GB/s de generaciones previas basadas en M2.

Escalando estos datos a las variantes Pro y Max, lo lógico es esperar alrededor de un 20-30 % más de rendimiento en CPU multinúcleo respecto a M4 Pro, y entre un 30 y un 40 % de mejora en GPU, sobre todo cuando entran en juego tareas con ray tracing, efectos complejos o cómputo de shaders intensivo.

El motor neuronal también debería crecer de forma notable, permitiendo manejar de forma local modelos de decenas de miles de millones de parámetros en configuraciones con bastante memoria (48-64 GB o más). Todo ello, combinado con una memoria unificada más rápida, favorecería flujos de trabajo donde CPU, GPU y NPU cooperan para acelerar tareas de IA.

En paralelo, los rumores sobre un empaquetado más modular de CPU y GPU apuntan a una gama algo más flexible, con más escalones en número de núcleos gráficos y capacidad de ajuste fino entre precio y rendimiento. Para el usuario profesional, eso se traduce en una sensación de salto tangible en render sostenido, compilación pesada y procesos de IA, más allá de lo que suele considerarse un simple «refresh» anual.

Si miramos la hemeroteca de Apple Silicon —del M1 al M4—, el patrón refuerza esta expectativa: saltos moderados de CPU, mejoras mayores en GPU cada dos generaciones y un foco creciente en eficiencia y estabilidad térmica, algo que debería mantenerse y afinarse aún más con M5.

Más músculo para ia generativa y vídeo avanzado

Uno de los ejes centrales de esta generación será, casi con total seguridad, la IA generativa en local. macOS Tahoe ya está abriendo la puerta a modelos de lenguaje residentes en el propio equipo, asistentes contextuales a nivel de sistema y nuevas APIs para que las aplicaciones de terceros descarguen tareas de inteligencia en el motor neuronal.

Con los MacBook Pro M5 Pro y M5 Max se espera poder ejecutar asistentes de código, modelos de lenguaje y herramientas de creación de contenido impulsadas por IA sin depender tanto de la nube, especialmente en equipos con configuraciones generosas de memoria. Eso incluye desde generación y remezcla de imágenes a análisis de grandes volúmenes de datos o automatización de procesos complejos.

El apartado de vídeo también saldría beneficiado. Se habla de mejoras claras en upscaling de vídeo, reducción de ruido y efectos en tiempo real en paquetes como Final Cut Pro, DaVinci Resolve o similares, aprovechando los nuevos bloques específicos del chip y el aumento de ancho de banda de la memoria. En flujo real, esto significa previsualizaciones más fluidas, menos proxys y exportaciones algo más rápidas a igualdad de proyecto.

Para los creadores de contenido, el atractivo no está solo en ganar minutos en cada exportación, sino en poder trabajar con más capas, mayor calidad y menos renuncias sin que el portátil se convierta en un cuello de botella. El riesgo de quedarse en una generación anterior justo cuando Apple y los desarrolladores empiecen a exprimir de verdad las funciones de IA de macOS 26.x es uno de los argumentos que se mencionan para justificar la espera.

Una generación m5 pensada para trabajar muchas horas seguidas

Más allá de la teoría, las primeras impresiones de quienes han podido probar unidades de referencia del MacBook Pro M5 apuntan a un portátil más sobrio que espectacular. No busca sorprender con artificios, sino convertirse en una herramienta en la que puedas confiar durante jornadas largas, sin tener que estar pensando en si el rendimiento aguantará el tipo.

Hay portátiles que te obligan a adaptar tu forma de trabajar a sus límites, y otros que simplemente se integran en tu rutina hasta que casi te olvidas de ellos. Según las primeras reseñas, el MacBook Pro M5 encaja claramente en este segundo grupo: no intenta llamar la atención todo el rato, sino desaparecer en segundo plano mientras haces tu trabajo.

El enfoque se basa en la combinación de rendimiento sostenido, buena autonomía y estabilidad general del sistema. No estamos ante un experimento de diseño, sino ante una evolución sobre una fórmula que Apple lleva puliendo varias generaciones. Eso, para un perfil profesional que vive delante del portátil, suele pesar más que cualquier cifra espectacular de benchmark.

Diseño, pantalla y experiencia de uso diaria

En lo físico, el MacBook Pro M5 mantiene la línea sobria conocida, con un chasis que prioriza la solidez frente a la carrera por ser el más fino del escaparate. La sensación al abrirlo y usarlo es la de un equipo bien ensamblado y preparado para aguantar años de uso intensivo, más que la de un objeto de lucimiento puntual.

La pantalla sigue siendo una de las grandes bazas. La tecnología Liquid Retina XDR ofrece un nivel de brillo, contraste y fidelidad que marca diferencias en tareas donde el detalle importa, como la edición de foto o vídeo. Más allá de las cifras, lo que se nota en el día a día es que todo se ve estable, limpio y con una nitidez consistente tanto en apps ofimáticas como en proyectos creativos.

El refresco adaptativo mediante ProMotion —hasta 120 Hz en el modelo de 14 pulgadas— mantiene una fluidez constante al moverse entre ventanas, hacer scroll o manipular líneas de tiempo extensas. Es uno de esos aspectos que cuesta valorar en frío, pero que termina influyendo mucho en la sensación de comodidad cuando pasas muchas horas frente al panel.

El teclado continúa en la línea de las últimas generaciones: recorrido cómodo, pulsación precisa y un nivel de ruido muy contenido, algo importante en entornos compartidos o cuando se trabaja en movilidad. El trackpad, amplio y con una respuesta muy afinada, sigue siendo referencia en su categoría y ayuda a