«Tim Cook está cansado: cómo Apple prepara su sucesión sin prisas»

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Un ceo exhausto tras años de récords

Tim Cook aterrizó en Apple en 1998 y, durante años, fue el responsable de operaciones, uno de los ejecutivos clave de la era de Steve Jobs. En 2011, cuando la salud de Jobs se resintió de forma definitiva, Cook asumió el rol de CEO y tomó las riendas de la empresa. Desde entonces, los ingresos de Apple se han multiplicado hasta el punto de convertirla en una de las compañías más valiosas del planeta.

En 2021 ya dejó una pista importante: al cumplirse una década desde que tomó el relevo de Jobs, afirmó que no se veía otros diez años más como máximo responsable ejecutivo. Aquel mensaje marcó una especie de horizonte temporal informal y sembró las dudas sobre en qué momento decidiría retirarse del día a día.

Según un reciente reportaje del The New York Times, fuentes internas aseguran que Cook ha comentado en privado que está cansado y que le gustaría aligerar su agenda. No se trataría tanto de una crisis puntual, sino de la acumulación de años de viajes, reuniones, decisiones estratégicas y presión constante por mantener el listón en lo más alto.

Ese cansancio no implica necesariamente que vaya a desaparecer del mapa. Lo que se estaría planteando es un cambio de rol: abandonar la gestión ejecutiva diaria y centrarse en una posición más supervisora, algo muy habitual entre exCEOs de grandes multinacionales tecnológicas.

Del despacho del ceo a la presidencia del consejo

La opción que gana más fuerza en los pasillos de Cupertino es que Tim Cook deje la dirección ejecutiva para convertirse en presidente del consejo de administración. Ese puesto, que en empresas de este tamaño suele recaer en exCEOs con amplia trayectoria, permitiría a Cook seguir influyendo en las grandes decisiones sin estar tan expuesto al desgaste del día a día.

No sería un movimiento extraño: el propio Steve Jobs desempeñó ese cargo en su última etapa, y en muchas compañías del sector se ve como un paso natural. La idea es mantener la continuidad cultural y estratégica, pero dando espacio a una nueva figura para encargarse de la ejecución.

La voluntad de Cook de mantenerse cerca del Apple Park encaja también con el interés de la propia empresa en un relevo ordenado. En un contexto en el que la compañía afronta desafíos regulatorios en Europa, competencia feroz en móviles y ordenadores y apuestas de futuro en realidad mixta o inteligencia artificial, Apple no parece dispuesta a improvisar con algo tan delicado como su sucesión.

Los movimientos que se están viendo en la junta, incluidos algunos ajustes en sus propias normas internas de jubilación, apuntan precisamente a esa transición tranquila. Todo se está cocinando a fuego lento para que el traspaso de poderes sea, en lo posible, casi imperceptible de cara al exterior.

Rumores, fechas y el debate sobre cuándo se irá

La cuestión que sobrevuela todo esto es cuándo se materializará ese relevo. A finales del año pasado, un informe del Financial Times dio un golpe sobre la mesa al afirmar que Tim Cook se estaría preparando para dejar su puesto en 2026, cediendo el testigo a un sucesor ya identificado. Esa pieza informativa desencadenó una ola de especulaciones sobre el calendario real.

Poco después, el periodista Mark Gurman, de Bloomberg, uno de los analistas más fiables cuando se trata de Apple, negó que hubiera una fecha tan cercana y cerrada como señalaba el FT. Según sus fuentes, Cook no estaría pensando en una marcha inmediata, aunque sí se asume internamente que el final de su etapa se acerca.

A lo largo de 2025 estos rumores no han hecho más que intensificarse. Informaciones posteriores han insistido en que Cook quiere reducir su carga de trabajo e ir cediendo terreno, pero sin fijar un día concreto en el calendario. La idea sería, más bien, ir preparando cuidadosamente cada pieza del relevo mientras él sigue al mando de la operativa.

Algunos analistas sitúan una fecha simbólica algo más lejos en el horizonte: 2027, año en que se espera un iPhone muy especial por el 20º aniversario del modelo original y el posible lanzamiento del primer iPhone plegable de la marca. Cerrar su ciclo con un hito de ese calibre tendría cierto sentido estratégico y narrativo, aunque por ahora no deja de ser una interpretación.

Entre un escenario de salida en torno a 2026 y otro que se estire hasta 2027 o algo más allá, lo único claro es que la sucesión está en la mesa y se está discutiendo al máximo nivel. En un contexto europeo cada vez más exigente con las grandes tecnológicas, Apple necesita mostrar estabilidad a inversores y reguladores mientras afronta este proceso.

El papel de la junta y la “excepción” a la edad de jubilación

La reunión anual de accionistas que Apple celebrará el 24 de febrero de 2026, a primera hora de la mañana en California, ha dejado entrever otro detalle clave: la propuesta para hacer una excepción a la regla interna de jubilación de los miembros del consejo. Normalmente, los directores no deberían presentarse a la reelección una vez alcanzados los 75 años.

Pese a esa norma, la compañía ha pedido a los accionistas volver a nombrar tanto a Arthur Levinson, actual presidente del consejo, que ha cumplido ya los 75, como a Ron Sugar, que supera esa edad. La justificación oficial se centra en su experiencia y en su profundo conocimiento de la casa, pero la lectura estratégica va un poco más allá.

En procesos de sucesión de este tipo, lo habitual es que el CEO saliente pase precisamente a la presidencia del consejo. Si Apple forzase ahora la salida de Levinson por la norma de edad, tendría que designar un nuevo presidente para, probablemente, relevarlo de nuevo en pocos años cuando Cook diera el salto a ese puesto. Una maniobra compleja y poco elegante de cara al mercado.

Al mantener a Levinson más allá del límite de edad, la empresa se da margen para que sea él quien “aguante el sitio” hasta que Cook esté listo para abandonar la dirección ejecutiva. Es una forma de ganar tiempo sin alterar en exceso la composición de la cúpula.

Todo esto se suma a otro aspecto: la edad media de la junta y la necesidad de renovación controlada. El equilibrio entre experiencia y relevo generacional es delicado, y Apple, que tradicionalmente ha preferido los pasos medidos a los giros bruscos, parece dispuesta a encajar las piezas con calma, sin ceder a presiones externas.

Un ceo bien pagado que quiere levantar el pie del acelerador

El contexto de este debate sobre el cansancio de Cook se entiende mejor al mirar su último paquete retributivo. Los documentos remitidos a la SEC muestran que en 2025 su compensación total ascendió a 74,3 millones de dólares, una cifra muy similar a la del año anterior y por debajo del pico de casi 100 millones alcanzado en 2022.

Esa cantidad se compone de un salario base de 3 millones de dólares, congelado desde 2016, un volumen importante de acciones valoradas en torno a 57,5 millones y un bonus variable de 12 millones ligado al rendimiento de la compañía. La estructura refleja la apuesta por vincular buena parte del sueldo al éxito a largo plazo, algo a lo que los accionistas europeos prestan especial atención.

Dentro de ese paquete, también se incluye un elemento logístico particular: por razones de seguridad y eficiencia, Apple exige que Cook utilice vuelos en avión privado para todos sus desplazamientos, tanto de negocios como personales. El coste asociado a este concepto rondó en el último ejercicio 1,76 millones de dólares.

Aun con estas cifras millonarias, el debate interno no parece girar tanto en torno al dinero, sino a la sostenibilidad personal del puesto. Después de años de giras internacionales, presentaciones de producto y gestión de crisis, es comprensible que Cook busque una etapa menos intensa, aunque siga vinculado a la empresa.

En Europa, donde se vigilan especialmente las prácticas de gobierno corporativo, este tipo de retribuciones y privilegios suelen analizarse con lupa. Sin embargo, la continuidad de Cook en un rol más moderado podría verse de forma positiva, siempre que la transición hacia un nuevo CEO sea transparente y bien explicada a los mercados.

John ternus, el sucesor silencioso que suena con más fuerza

Mientras se clarifica el movimiento de Cook hacia la presidencia del consejo, todas las miradas se dirigen a quién ocupará su silla de CEO. Y aquí el nombre que más se repite, tanto en filtraciones como en análisis de medios estadounidenses y europeos, es John Ternus, actual responsable de ingeniería de hardware.

Ternus lleva vinculado a Apple desde principios de los 2000 y, desde 2013, ha escalado posiciones hasta convertirse en uno de los directivos clave en la división de hardware. Se le atribuye un papel protagonista en la integración de tecnologías como los sensores LiDAR en los iPhone y en la consolidación del ecosistema de chips propios de la compañía.

Con 50 años, la misma edad que tenía Cook cuando tomó el relevo de Jobs, encarna una mezcla de juventud relativa y larga experiencia interna. Aunque su perfil público es mucho más discreto que el de otros ejecutivos, los testimonios de ex empleados y colaboradores le describen como un líder cercano con el equipo y muy centrado en el producto.

Algunos lo definen como un directivo capaz de «defender una idea innovadora cuando se le presenta» y al mismo tiempo de asegurar el ritmo constante de lanzamientos que caracteriza a Apple. En otras palabras, alguien idóneo para seguir sacando un nuevo iPhone cada año sin perder de vista los grandes saltos tecnológicos.

Dentro de la cultura corporativa de Apple, donde el equilibrio entre obsesión por el detalle y disciplina operativa es fundamental, Ternus encaja bien con el modelo instaurado en la era Cook. No se le percibe como un “nuevo Jobs” carismático, sino como un gestor técnico sólido, lo que para muchos inversores es precisamente lo que se busca en un contexto de madurez del mercado.

Otros nombres en la lista y el dilema del perfil ideal

Aunque todo apunta a Ternus como primera opción, la quiniela de posibles relevos no se agota ahí. Fuentes internas citadas por varios medios destacan también a Craig Federighi, responsable de software, y a Greg Joswiak, máximo dirigente de marketing global, como candidatos con peso específico dentro de la compañía.

Federighi, muy conocido por sus apariciones en las presentaciones de Apple, encarna una visión más ligada al desarrollo de plataformas y servicios, un terreno especialmente sensible en Europa por las normas de competencia y privacidad. Su conocimiento del software y las integraciones entre dispositivos podría ser un activo relevante en un momento en el que la regulación europea exige más apertura.

Joswiak, por su parte, representa el lado más orientado al mercado y a la comunicación, clave para mantener la imagen de marca en regiones como España y el resto de la UE, donde la percepción pública y la confianza en la privacidad de los productos es un factor de compra importante. No obstante, ninguno de ellos parece acumular tantos apoyos internos como Ternus.

Durante años, otra figura sonó con fuerza: Jeff Williams, antiguo director de operaciones y uno de los hombres de máxima confianza